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Taller impartido en Clínicas CITA para pacientes en fase de deshabituación: ¿Por qué postergamos la toma de decisiones?

(Las drogas y el alcohol son siempre el modo más peligroso de evitar enfrentarse a una realidad que es considerada como desagradable)

¿QUÉ IMPLICA POSTERGAR? ¿HAY DISTINTOS TIPOS DE POSTERGADORES?

En mayor o menor medida, todos tenemos que hacer tareas que nos resultan desagradables pero que son importantes e ineludibles. Cuando esto sucede de forma habitual, puede dar lugar a problemas.

Muchas veces esta tendencia a postergar ciertas cosas puede considerarse una manera de encarar la vida, una forma de ser que no se limita solamente a tareas concretas y específicas, sino que puede presentarse también de una forma más solapada, como seguir durante años en un trabajo que nos disgusta, no emprende actividades nuevas que nos gustaría hacer,  evitar confrontaciones o toma de decisiones, culpar a otros o a la situación, tener grandes ideas y hacer muchos planes pero no llevarlos nunca a cabo, anteponer otros intereses menos importantes, etc…

Lo que principalmente busca esta persona al posponer una tarea es sentirse mejor al evitar (al menos momentáneamente) hacer algo que no le gusta o no le apetece. Pero, paradójicamente, a menudo ocurre todo lo contrario. El proceso sería más o menos como sigue: empiezas diciéndote que lo harás mañana cuando no estés tan ocupado. Pero al día siguiente vuelves a decirte lo mismo y lo vas retrasando cada vez más. Conforme pasa el tiempo, empiezas a ser crítico contigo mismo o a buscar excusas. Lo sigues retrasando hasta que no hay más tiempo y entonces no tienes más remedio que hacerlo a toda prisa y de cualquier manera o es posible que ya ni siquiera quede tiempo. Entonces te contigo mismo y te prometes que no va a volver a suceder, o piensas que en realidad no tenía tanta importancia. Después haces lo mismo con la siguiente tarea y el proceso se repite una y otra vez.

¿Por qué algunas personas se comportan como si fueran adictos jugando a “quiero sentirme culpable y desgraciado por no hacer lo que tengo que hacer”? Para entender esto, así como para cambiar nuestro comportamiento, conviene comenzar por indagar un poco en nosotros mismos y tratar de descubrir qué es lo que está pasando y cuáles son los motivos por los que nos comportamos de este modo. Para empezar, veamos los distintos grupos en los que pueden clasificarse estas personas:

El grupo relajado

–  La vida es bella: Estas personas tratan de sacar de su mente y olvidar los sentimientos que les producen las tareas pendientes y centran toda su atención en cosas más agradables, como salir con los amigos, ver la tele, etc. Se trata de personas con una baja tolerancia a la frustración que buscan el placer constantemente y no quieren hacer nada que les resulte desagradable. Se centran en pasarlo bien y ser felices en todo momento.

– Primero el placer: Suelen estar preocupadas por satisfacer sus necesidades emocionales (amor, amistad, felicidad…) y dichas necesidades revolotean continuamente en sus cabezas, dificultando el trabajo o el estudio, que queda en un segundo plano.

– No vale la pena: Para estos postergadores felices, no vale la pena el esfuerzo que hay que destinar para llegar a una meta final, sobre todo cuando ven todo el trabajo que tienen por delante como algo desagradable, odioso y aburrido. Aún así, se trata de algo que quieren hacer.

– No me gusta trabajar: suelen decirse a sí mismos cosas como “tengo que tener ganas de estudiar antes de empezar”, “no soporto aburrirme”, “si no me gusta hacer algo no tengo porque hacerlo”, “es imposible encontrar algo agradable en este trabajo” o “no me gusta trabajar”.

El grupo ansioso

Hace referencia a aquellas personas que arrastran u gran estrés y una gran ansiedad en relación a su trabajo. Postergan las cosas pero se sienten culpables, no son capaces de desconectar y divertirse y una vocecilla en su cabeza les recuerda todo lo que tiene que hacer y les regaña y atosiga. A veces pueden tenerlo todo hecho a tiempo debido a que el sentimiento de culpa o del deber es más poderoso, pero tienen que luchar constantemente contra sus deseos de abandonarlo todo, están siempre estresados y el sentimiento de culpa es casi una constante en sus vidas, ya que aparece cuando tratan de relajarse y escapar de estos sentimientos desagradables o evitar la tarea.

LOS MOTIVOS PARA POSTERGAR

El miedo al fracaso.

1.- Cuando todo tiene que ser perfecto

Suele tratarse de personas muy perfeccionistas que tienen miedo a no estar a la altura, de no tener la habilidad o conocimientos suficientes, de no hacer las cosas como es debido. Piensan que su valor como personas depende de lo que hagan y de cómo lo hagan. Si no lo hacen todo perfecto, su autoestima se viene abajo. Suelen establecer metas muy elevadas y esto puede llevarlos a sentirse abrumados y sobrecargados de trabajo. Se exigen ser tan competentes que no es extraño que acaben considerándose incompetentes y temiendo un fracaso que tratan de evitar postergando la tarea todo lo posible.

2.- Sentimientos de inferioridad

La persona que es demasiado crítica consigo misma y que se siente inferior a los demás y menos capacitada que ellos, puede evitar hacer muchas cosas que pongan a prueba su valía personal. De antemano piensan que lo harán mal y, para evitar esa decepción y el sentimiento de fracaso, prefieren posponer indefinidamente una tarea.

El miedo al éxito

1.- Demasiada responsabilidad

Algunas personas temen triunfar y tener éxito. Los motivos pueden ser diferentes. Para algunos, el éxito conlleva responsabilidades que no quieren asumir. Puede implicar más trabajo, menos tiempo libre e incluso aparece temores a convertirse en un adicto al trabajo o en u triunfador arrogante y competitivo de quien todos acabarán alejándose.

2.- No lo merezco

Algunas personas temen al éxito porque en el fondo piensan que no lo merecen o porque se sienten inferiores y poco capacitadas para afrontar una responsabilidad mayor y prefieren quedarse toda la vida en un puesto de menor categoría.

3.- El miedo a ser más inteligente que los demás

Algunos temen que si los demás les ven demasiado competentes, exitosos o inteligentes, pueden sentirse intimidados o inferiores y alejarse de ellos.

4. Los roles: cosas de hombres, cosas de mujeres.

Puede suceder también que una persona tema triunfar en una tarea que se considera típica del otro sexo por temor a ser considerada poco femenina o poco masculina. Con ese comportamiento sólo se consigue perpetuar los roles atribuidos al sexo.

Los oposicionistas: “No puedes obligarme”

Un tercer grupo de personas tiende a posponer sus obligaciones como una forma de tener el control o de resistirse a ser controlados por otros. Se trata de personas que, como norma, tienden a negarse a hacer cualquier cosa que les digan porque lo perciben como un atentado contra su libertad personal y no como una serie de obligaciones que todo el mundo tiene que realizar.

Los que tienen “sus motivos”

Este grupo estaría formado por aquellas personas que pretenden con este comportamiento mantenerse cerca de alguien que necesitan o mantener alejado a alguien. Quienes establecen una relación de dependencia, pueden ir postergando sus tareas para que sea el otro el que acabe encargándose de hacerlo. Cuando hay problemas en la relación, también puede usarse como una manera de fastidiar al otro.

¿CÓMO SOLUCIONAR ESTA ACTITUD?

El grupo relajado

Los que entran dentro del grupo relajado no suelen tener mucha intención de cambiar. Prefieren divertirse y cerrar los ojos ante la realidad, por lo que difícilmente reconocen que tienen un problema hasta que sucede algo grave en sus vidas que los enfrenta con la realidad de golpe.

¿Cómo darse cuenta? Observa tu vida en sus diversas áreas y céntrate en todas esas cosas que tienes pendientes y a las que no das importancia. ¿Son cosas sin importancia? ¿A qué argumentos recurres para posponer estas tareas? ¿Son válidos o son sólo excusas? A veces es más fácil engañarse a uno mismo que engañar a los demás.

¿Cuáles son las formas más comunes de evitar hacer esas tareas desagradables?

1.- Hacer algo que no es prioritario. Estas actividades desvían la atención del trabajo y ayudan a olvidar las tareas pendientes.

2.- Excusas: “Lo haré mañana”, “trabajo mejor de noche”, etc. Todo el mundo las usa alguna vez, pero si las utilizas demasiado es posible que tengas un

3.- Tomar drogas, escuchar música, leer, salir, hacer deporte; en definitiva, cualquier cosa que se haga en ves de otras obligaciones más importantes y no después. Las drogas y el alcohol son siempre el modo más peligroso de evitar enfrentarse a una realidad que considerada como desagradable.

¿Quién ha dicho que todo tiene que ser maravilloso?

La característica principal de estas personas es que les resulta muy difícil soportar las cosas desagradables y tienden a huir de ellas. Por tanto, es precisamente por ahí por donde hay que empezar si se desea cambiar. No todo tiene que ser agradable y maravilloso. Esa actitud de búsqueda constante de placer no sólo es narcisista y egoísta sino que además es poco realista y te está perjudicando. En esta vida hay que hacer a veces cosas desagradables, queramos o no. Sin embargo, también estás en tu derecho a organizar tu vida del modo más cómodo posible, siempre que esta conducta no te perjudique y no te engañes a ti mismo.

Lo que tú puedes hacer es: No ver los pequeños fastidios como cosas horribles sino sólo como tareas incómodas, presta atención a las excusas mentales, entiende que cualquier cosa puede tener su lado agradable, párate a pensar qué es lo que realmente quieres conseguir, y, simplemente, empieza a trabajar.

El grupo ansioso

No es aconsejable forzar a esas personas a organizarse, perseverar, intentarlo con más fuerza o castigarlos. La cantidad de presión y ansiedad que soportan con su autocrítica y culpabilidad constantes es ya bastante grande como para añadir más presión. ¿Qué se puede hacer?

1.- En el caso del miedo al fracaso, es importante darse cuenta de que el valor de una persona no está en función de cómo hagamos un trabajo determinado. Lo que hacemos y lo que somos son cosas distintas.

2.- Conoce lo mejor posible tu forma de evitar las tareas. Tener una información adecuada sobre la naturaleza de tu problema te ayudará a crear estrategias para superarlo.

3.- Haz un plan de trabajo, elige una tarea y empieza. No pienses en que tienes que hacerlo, ni en cómo ni en que tiene que estar perfecto. Simplemente, ponte en marcha.

4.- Acostúmbrate a tener un pensamiento destinado a la solución de problemas. En vez de decirte a ti mismo que eres un desastre o un idiota, pregúntate cómo puedes perdonarte un error.

5.- Puede venirte bien hacer un horario donde incluyas el trabajo y el ocio. Quien no disfruta de su tiempo libre es menos productiva.

6.- Aprende a empezar. Aprende a transformar en un hábito el hecho de empezar.

7.- Cambia tu forma de pensar. Piensa “me gustaría” en vez de “tengo que”, etc.

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