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Taller de Prevención de recaídas: La personalidad adictiva. Segunda parte.

En la primera parte del taller sobre La personalidad adictiva, hemos hecho un breve recorrido por algunas de las creencias que sostienen este tipo de personalidades. En esta segunda parte, trabajaremos el concepto de personalidad adictiva en sí mismo.

La Personalidad Adictiva.

Las personas que actúan de acuerdo con estas creencias adictivas (las que hemos visto en la primera parte) desarrollan ciertos rasgos de personalidad que les sirven para moverse en el mundo. La mayoría de estos rasgos, nacen de la intención de las personas de evitar el sufrimiento que generan estas creencias.

El conjunto de estos rasgos, son los que forman la Personalidad Adictiva.

Debemos tener en cuenta que la personalidad no es un estereotipo, es decir, no es un modelo fijo e idéntico para todos. Cada caso tendrá sus matices y sus diferencias, pero podemos hablar de personalidad adictiva por el hecho de que todos tienen una serie de factores de base en común. Estos factores son los Rasgos de la personalidad.

Rasgos de la personalidad adictiva.

Obsesión por uno mismo.

Este es un rasgo muy importante dentro de la personalidad adictiva. Los que no tienen mucha información sobre los problemas de las adicciones, suelen creer que esta obsesión de los consumidores por sí mismos se da por puro y simple egoísmo. A primera vista esto es del todo cierto, ya que cuando un consumidor puede pasar por encima de cualquier consecuencia con tal de consumir, está pensando solamente en él y en su necesidad, no en los que le rodean. Sin embargo, sabemos que esta operación no es tan simple y gran parte de esta indiferencia hacia los otros, está justamente promovida por el consumo mismo.

Carencia en el sentimiento de Sí Mismo.

El consumidor tiene dificultades con el sentimiento de sí mismo.  De algún modo, para el consumidor, se presenta una experiencia de vacío interior que solo el consumo logra ocultar.

Frente a este vacío que se experimenta, la respuesta es el rechazo radical, el no querer saber nada de eso, al precio incluso de elegir el dolor antes que ese vacío. En ciertos casos esto puede verse en las personas que se nombran a sí mismas Adictas, como si esto fuera una etiqueta o un nombre propio. Soy un Adicto, se escucha con frecuencia, y esta respuesta parece bloquear cualquier tipo de pregunta sobre el problema. Es decir, frente a la pregunta sobre el sí mismo, es incluso mejor llamarse Adicto, que no saber cómo llamarse.

Falta de sentido y objetivos.

Junto con la experiencia de vacío interior, es frecuente escuchar que no hay objetivos en la vida o que nada tiene sentido. Esta situación se convierte en un círculo negativo difícil de quebrar. El consumo prolongado, de alguna manera anestesia a la persona, no le permite tener la curiosidad y sensibilidad suficiente para poder encontrar sentido y objetivos en el día a día; frente a esta falta, el consumidor intenta bloquearla a partir de consumir, en donde al menos por un rato, se experimenta la ilusión de tener las cosas claras. De este modo, un movimiento promueve el siguiente. El malestar está generado por el consumo, luego para no sentir el malestar, se consume. Y vuelta a empezar.

Excesiva búsqueda de aprobación.

Con frecuencia, por debajo del consumo y su aparente rechazo de los demás, está funcionando una necesidad imperiosa de aprobación. La aprobación o el rechazo de los demás se vive de una manera radical. Es decir, la aprobación lo puede ser todo y el rechazo también, generando una dependencia excesiva de la respuesta del otro.

Autocensura.

En algunas personas que consumen, la sensibilidad al rechazo es muy grande. De este modo, estas personas viven permanentemente preocupadas por su desempeño y son muy severos en su autocrítica. Esta autocrítica excesiva se vive de manera obsesiva, como una preocupación permanente. Una suerte de juez interno que no descansa y que siempre está ahí para señalar lo que está mal.

Sentimiento de culpa.

El sentimiento de culpa es frecuente del consumidor habitual. A primera vista, el sentimiento de culpa puede estar provocado por las situaciones que se han generado a partir del consumo. De todos modos, esta no es la única motivación del sentimiento de culpa. Además de los reproches por las cosas hechas, el sentimiento de culpa puede estar motivado por otras cosas que no se ven a primera vista. La agresividad reprimida, puede salir al exterior como sentimiento de culpa.

Dificultades para controlar la ira.

Expresar la ira también suele ser una dificultad, y otra vez es por ubicarse en los extremos. O bien se destierra completamente y se reprime o bien se exterioriza de un modo exagerado, como verdaderos ataques de ira. De ambas manera, este sentimiento tan poderoso se vuelve contra la persona.

Depresión subyacente.

Los estados de ánimo depresivos, ya sean conscientes o inconscientes, son también característicos. La culpa, la vergüenza, el rencor, promueven estos estados depresivos. El consumidor, a través de la droga, logra cancelar por un breve período estos estados, cubriéndolos con la euforia del tóxico.

Dificultades con las figuras de autoridad.

Estas dificultades están a la orden del día. Ya sea con jefes, padres, policía o quien sea que tenga autoridad en ese momento, el consumidor no se lleva bien con esta figura. La ilusión de control total, de independencia y la falta de límites no coincide con una figura como esta.  En muchas ocasiones, esta permanente lucha con la autoridad promueve el consumo.  En tanto práctica ilegal, el consumo es en sí, un desafío a la ley.

Echar culpas a los otros.

La dificultad de hacerse responsable de sus propias cuestiones, promueven que el consumidor tenga tendencia a buscar los problemas y las culpas fuera, evadiéndose él mismo de la escena y evitando de este modo su propia responsabilidad. Esto genera, a su vez, un marcado sentimiento de impotencia, ya que todos los problemas pasan por los otros, alejando la posibilidad de incidir sobre ellos.

Estos son solo algunos de los rasgos que conforman la Personalidad adictiva. Como hemos visto, son trazos que forman la figura del consumidor. De este modo, prestando atención a estos rasgos y haciendo un examen sincero de cada uno, podremos ver hasta qué punto tenemos o no algo de todo esto. Estar advertidos es una herramienta que nos puede permitir trabajar en cada uno de los ámbitos en los que se aplican estos rasgos.


[1] Taller basado en el capítulo 5 del libro Querer no es poder, de Washton y Boundy. Ed. Paidós. Madrid 2011.