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Taller de prevención de recaídas: De qué hablamos cuando hablamos de adicción

En este taller, haremos un recorrido por los elementos que nos permiten saber cuándo lo que era un hábito se ha convertido en una adicción.

Muchos son los matices que configuran una adicción y no solo que se consuma con más o menos frecuencia. Es decir, no es una condición necesaria la de consumir cada día para entender que estamos frente a una adicción.

La mayoría de los adictos no consumen a diario sino que hacen un uso esporádico de la droga, alternando períodos de consumo diario con períodos de abstinencia o de consumo controlado.

Este es un punto muy importante para tener en cuenta: una adicción no se mide por frecuencias de consumo. Caer en esta confusión suele provocar el error de creer que, como uno no consume cada día, entonces lo tiene controlado.

Tampoco es una buena idea apoyarse solamente en el criterio de las cantidades. Una persona puede tomar sólo un poco de cocaína cada fin de semana y, al compararse con otros que toman más, creer que eso entonces está bajo control. Las dosis o cantidades que cada persona consume son singulares, cada uno tiene su medida.

No se trata entonces ni de la frecuencia ni de la cantidad, sino de qué efectos provoca en cada uno, tanto en el momento del consumo como dentro de un plano global de vida.

Para decirlo rápidamente, estamos hablando de adicción si esta práctica está causando problemas pero se sigue haciendo a pesar de las consecuencias.

Otro elemento distintivo es la función que tiene el consumo. Si se consume para “olvidar” una situación o sensación; si se consume para “evitar” pensar en algo que es intolerable. Entonces ya no podemos hablar de simple diversión o pasatiempo.

Cuatro elementos distintivos de la adicción.

Obsesión.

La conducta adictiva generalmente es desgastante y agotadora. Si se es adicto a algo, con frecuencia no se puede dejar de pensar en ello. Cuando se está cerca de volver a consumir, es probable que se experimenten sensaciones de ansiedad y nerviosismo que solo remiten a partir de poder realizar el consumo.

En general, el pensamiento de consumir lo ocupa todo, haciendo uso de una gran parte de energía y dejándolo, literalmente, vacío para otros cosas.

Si se está frente a una adicción, la persona hará todo lo posible por acceder al consumo. Hará y deshará según convenga en relación a conseguir la droga. No hay límites hasta alcanzar ese objetivo.

El impulso que experimenta un adicto funciona como un mandato que no puede postergarse, hay que cumplirlo sí o sí. En caso de verdadera privación, y esto es un signo claro, se experimenta nerviosismo y ansiedad.

Consecuencias negativas.

Lo que convierte un hábito en una adicción es que sus consecuencias se vuelven en contra de uno. Al comienzo, se obtienen ciertos beneficios aparentes, pero luego las consecuencias negativas son evidentes. Sin embargo, la práctica continúa  a pesar de las consecuencias.

A grandes rasgos, podemos ubicar las consecuencias negativas dentro de 6 áreas:

Relaciones: Hemos visto en otros talleres como la consecuencia a largo plazo en la adicción es un marcado aislamiento de los otros y la rotura de los vínculos sociales.

Trabajo: Es frecuente que los problemas en el trabajo surjan más a menudo como consecuencia de la adicción. Ya sea por faltar al trabajo luego de un consumo, asistir al trabajo bajo los efectos de la droga o bien, por bajo desempeño causado por la falta de energía y motivación que provoca la adicción.

Economía: Las drogas no son baratas y junto con el consumo viene asociados otra cierta cantidad de gastos sin control. Sobran testimonios de personas que han gastado fortunas en su consumo.

Salud psíquica: La lista de estados como consecuencia del consumo es larga; nombramos aquí solo algunos: Irritabilidad generalizada, actitudes defensivas, desconfianza, nerviosismo, angustia, ansiedad, pérdida de autoestima, etc.

Conducta: Una persona que está bajo el efecto de las drogas está dispuesta a hacer una cierta cantidad de cosas que de otro modo ni pensaría. El consumo genera situaciones de riesgo, desde conducir ebrio y provocar un accidente, hasta generar peleas violentas. En todas las situaciones, el que consume se expone.

Salud física: El consumo tiene consecuencias físicas, a veces más o menos evidentes. Lo que queda claro es que no es inocuo. El consumo sostenido y a largo plazo puede tener consecuencias irreversibles a nivel orgánico.

Falta de control.

A pesar de las consecuencias negativas que hemos enumerado, si se está dentro de una adicción, por lo general se es incapaz de controlar el consumo. Una vez que se comienza se continúa. A pesar de tener claras las consecuencias y de tener las mejores intenciones, hay algo que es evidente, cuando la adicción está en pleno funcionamiento, un solo consumo desencadena todos los demás.

Hay que tener en cuenta lo siguiente: no es usted quien controla la situación sino más bien lo contrario.

En ocasiones, los adictos logran estar durante ciertos períodos sin consumir. Ya sea para demostrarse a sí mismos que son capaces de ejercer cierto control o para demostrarlo a otros. Sin embargo, si no se enfoca el trabajo en los elementos internos que puedan estar generando esa respuesta, lo más probable es que se vuelva a consumir. Es decir, si estamos de acuerdo en que el consumo viene a cubrir un problema que está por debajo, si no hacemos algo para resolver ese problema, no habremos hecho mucho.

Negación.

A medida que los adictos comienzan a acumular problemas en los distintos ámbitos en los que se mueven, ya sea trabajo, familia, amigos, etc…, como consecuencia de su consumo, generalmente se comienzan a negar dos cosas.

  • Que la droga sea un problema que no puedan controlar.
  • Que los problemas que tienen en sus vidas tengan que ver con el consumo.

Hay varias maneras de expresar la negación. Éstas son algunas de ellas:

Negar terminantemente: “No, yo no tengo ningún problema”.

Minimizar: “No es tan grave”.

Evitar el tema (Ignorarlo, negarse a hablar de ello).

Culpar a otros: “Es normal estar así teniendo un jefe/esposo/novia/madre/etc…así”.

Racionalizar: “Lo mío no es tan grave como lo de tal o cual, si no consumes más de tanto o cuanto…”

La negación pasa completamente desapercibida para el adicto; de algún modo, ha perdido o se han aflojado sus lazos con la realidad. Cuando un adicto decide ir a comprar un poco más o tomar un poco más sabiendo las consecuencias inmediatas que eso tendrá y sin embargo sigue adelante, es evidente que algo no le permite leer las situaciones de manera apropiada. Hay, de algún modo, una fractura con la realidad.

La principal función de la negación es sostener el consumo e impedir que se generen obstáculos para continuar con él. El adicto, a partir de la negación, evita advertir los problemas que le genera el consumo, ya que, si los pudiera ver con claridad, tendría que tomar medidas al respecto. Mientras que la adicción le está generando un sinfín de problemas, el adicto, con la ayuda de su síntoma, que es la negación, logra mantenerse apartado de ese hecho y conservar la ilusión de “que todo está bien y bajo control”.

La negación funciona entonces como una medida de protección frente a la realidad para poder conservar lo que cada uno cree de sí mismo, sea esto lo que sea.


[1] Taller basado en el capitulo 2 del libro Querer no es poder, de Washton y Boundy. Ed. Paidós. Madrid 2011.




    Autor: Dr. Josep Mª Fàbregas

    Especialista en adicciones y director psiquiatra del centro de adicciones y salud mental Clínicas CITA. Inicié mi carrera profesional en el Hospital Marmottande París, donde trabajé con el Profesor Claude Olievenstein. Posteriormente me trasladé a Nueva York y, tras varios años de experiencia profesional, en 1981 fundé CITA (Centro de Investigación y Tratamiento de las Adicciones) con el objetivo de desarrollar un modelo de comunidad terapéutica profesional, el cual lleva 32 años en funcionamiento.

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