Centro de desintoxicación – Adicciones sin drogas

Existen hábitos de conducta aparentemente inofensivos e incluso placenteros, que pueden llegar a convertirse en adictivos e interferir gravemente en la vida de las personas afectadas. Por ejemplo, el juego patológico, las compras compulsivas, el ejercicio físico inmoderado, la comida desmedida, el trabajo excesivo, la hipersexualidad, el abuso de videojuegos e internet, etc. Todos estos comportamientos pueden considerarse psicológicamente como adicciones en el momento en que prescindir de ellos provoque síndrome de abstinencia.

Todos necesitamos alcanzar un nivel de satisfacción en la vida y eso lo conseguimos gracias a la conjunción de diversas actividades: el trabajo, el sexo, la comida, el deporte, el juego, etc. El problema surge cuando la persona se centra en una sola de estas facetas y no encuentra satisfacción en las demás. Entonces el riesgo de adicción se hace patente.

El problema está en que un buen número de actividades que generalmente nos resultan placenteras pueden llegar a convertirse en conductas adictivas. Ello ocurre cuando:

  • La persona se obsesiona y dedica gran parte de su tiempo y energía a cumplir con esa actividad. Su estilo de vida se vuelve monótono y todo gira en torno a esa adicción.
  • Al principio se siente cierta gratificación aparente, pero el placer se convierte en remordimientos cuando no puede controlar la actividad.
  • Las relaciones con la familia y los amigos se resienten, así como el rendimiento escolar en los niños y el laboral en los adultos.
  • La salud psíquica se resquebraja por irritabilidad y otros estados de ánimo negativos, como baja autoestima. Se vuelven egocéntricos, no les importa nada que no sea ellos mismos.
  • Toda adicción suele traer aparejados trastornos del sueño y de alimentación: insomnio, inapetencia, fatiga…

Lo que define una conducta adictiva no es la frecuencia con que se realiza, sino el grado de pérdida del control sobre esa actividad, así como la relación de dependencia que se establece.

Aunque el adicto es el último en darse cuenta de su problema, lo importante es que todas las adicciones son diagnosticables y tratables. Teniendo en cuenta que el adicto desarrolla un mecanismo de defensa denominado ‘negación’, que le impide percibir su dependencia, mejor que ponerle una etiqueta es transmitirle reflexiones concretas sobre su conducta y sobre el modo en que le está afectando.

Hay un aspecto en el que se diferencian sustancialmente las adicciones psicológicas de las que tienen que ver con las químicas. Mientras que un drogodependiente suele ser politoxicómano (fuma, bebe alcohol, abusa de ansiolíticos, cocaína y hachís), no es frecuente encontrarse un adicto al sexo que además sea ludópata y tenga dependencia del trabajo. Hay un caso especialmente sensible en los adultos: la adicción al juego casi siempre se acompaña de abuso de alcohol y tabaco. En el caso de la adicción al trabajo, se puede producir un abuso de drogas estimulantes, como cocaína, para poder asumir el agotamiento que el trabajo compulsivo comporta.