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Qué es el Alcoholismo, tipos y qué efectos tiene

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Qué es el Alcoholismo, tipos y qué efectos tiene

Alcoholismo

Cuando hablamos de alcoholismo nos referimos a ese consumo abusivo de bebidas alcohólicas. El consumo abusivo de alcohol, se convierte en alcoholismo cuando se vuelve un hábito. El hábito de beber alcohol a diario perdiendo cada vez más, la medida, comporta un hábito adictivo que debe curarse en un centro de desintoxicación. En clínicas CITA puedes informarte del deshabituamiento en el centro de desintoxicación alcoholismo.

Alcohol y Alcoholismo

El alcohol es una droga depresora del sistema nervioso central. Esta droga inhibe los centros cerebrales del autocontrol. A diferencia de lo que se cree, el alcohol no es una droga estimulante. La sensación inicial de euforia que provoca durante la prima ingesta se debe al efecto de inhibir dichos centros responsables del autocontrol.

El alcohol es la droga legal más consumida y aceptada socialmente. También es la causante de mayores problemas sociales y sanitarios.

El componente principal de las bebidas alcohólicas es el alcohol etílico o etanol. Cada bebida alcoholica tienen diferente concentración de etanol en función de su elaboración. Podemos clasificar estas bebidas alcohólicas en fermentadas (cerveza, vino) o bebidas alcohólicas destiladas (vodka, whisky, ginebra…)

La cantidad de etanol de cada bebida, tienen una diferente graduación. Siendo la destilada la que tiene un alcance mayor que puede llegar a 40º y 50º.

 

Síntomas de Alcoholismo

El bebedor habitual de alcohol padece una larguísima serie de signos y síntomas que lo convierten en un enfermo crónico:

  • Jovialidad exagerada, con indiferencia optimista ante una problemática que no sabe asumir ni comprender.
  • Dificultad de concentración y en ocasiones desorientación tiempo-espacial, confundiendo los lugares en los que se encuentra o el momento en que está realizando alguna actividad.
  • Trastornos de la memoria, destacando las denominadas ‘lagunas’, períodos de amnesia retrógrada sobre los acontecimientos que se produjeron durante los episodios de intoxicación aguda. En ocasiones, el sujeto intenta llenar esos ‘vacíos’ de memoria con fabulaciones e imaginaciones, llegando a creerse él mismo lo que sólo su mente imagina.
  • Irritabilidad y susceptibilidad. No tolera contradicciones ni frustraciones y responde a ellas con agresividad frente a los demás. Sospecha del comportamiento hacia él de cuantos le rodean y teme siempre que pretendan dañarle.
  • Incapacidad para ejecutar planes expuestos verbalmente, por la dificultad que tiene para entender una larga serie de razonamientos y para establecer proyectos de futuro.
  • Promesas reiteradas de resolver sus problemas, que incumple siempre. Es muy característica esta actitud cuando se le recrimina por la bebida o por los continuos problemas que provoca en sus relaciones personales o laborales.
  • Justificaciones y excusas constantes para cuantas cosas ha dejado de hacer o ha hecho incorrectamente. No asume nunca su responsabilidad y no admite que su problema radique en la bebida.
  • Celos patológicos de la pareja. Puede ser una situación leve que sólo se presenta durante los episodios de intoxicación aguda, o más grave y que persiste aun en fases de abstinencia. Suelen ir acompañados de insultos y muchas veces de agresión física. En la aparición de estas manifestaciones celotípicas puede influir, aparte del propio efecto del alcohol sobre el cerebro, el que el alcohólico es consciente de su inferioridad sexual, ocasionada por la acción del alcohol sobre las glándulas.

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¿Qué significa ser alcohólico?

Una persona tiene problemas con el alcohol cuando continúa bebiendo a pesar de que el consumo de alcohol está interfiriendo de forma negativa en su vida, ya sea en su salud, en su equilibrio psicológico, en su trabajo, en su vida familiar, en su imagen social, etc. Más aún, es un problema que afecta a su libertad.

La dependencia del alcohol es un problema serio que afecta a la salud de la persona que la padece en el sentido más amplio de la palabra. La persona que desarrolla la dependencia del alcohol va perdiendo su capacidad de decidir si bebe o no bebe en determinadas situaciones, va perdiendo poco a poco el autocontrol de su propia conducta; en definitiva, va perdiendo su libertad.

Podemos por tanto considerarlo una enfermedad porque afecta al equilibrio personal de quien la padece y de los que le rodean y porque es necesario un tratamiento adecuado para recuperarse de la misma.

En cambio, no es una enfermedad corriente que se pueda curar tomando determinados medicamentos, mediante una operación quirúrgica o algún otro procedimiento médico habitual.

No todas las personas reaccionan ante el consumo de alcohol de la misma manera. Sin embargo, esto no quiere decir que la dependencia del alcohol esté determinada por la genética.

Al igual que, cuando varias personas toman el sol, su piel reacciona de forma diferente, existen diferencias individuales que hacen a algunas personas más sensibles al alcohol y, por tanto, a que desarrollen dependencia con mayor facilidad.

De todos modos, cualquier persona que beba en exceso puede convertirse en adicta al alcohol en más o menos tiempo.

Tipos de Alcohólico

No todos los que beben habitualmente tienen por qué convertirse en alcohólicos. ¿Existen individuos con mayor predisposición que otros a caer en el alcoholismo? Sin duda sí. Abundan los estudios que demuestran que los hijos de alcohólicos tienen más posibilidades de convertirse, a su vez, también en alcohólicos.

Esta predisposición tiene que ver, según se ha comprobado en distintos trabajos, con factores sociales y ambientales, pero también con factores genéticos. Entonces ¿Alguien puede estar “condenado” a ser alcohólico? Ni mucho menos. La predisposición, tanto genética como social o ambiental, no deja de ser un condicionante, más o menos influyente, pero nunca absolutamente determinante. Del mismo modo, mucha gente genéticamente condicionada a tender al sobrepeso lo controla sin problemas gracias al ejercicio y la dieta sana.

Jellinek describió los tipos de alcohólicos clasificándolos en cinco grupos. Las categorías de Jellinek son antiguas (1952) pero su clasificación ha tenido mucha influencia en modelos posteriores. Los tipos de bebedor

  • Alcohólico ALFA: Es el tipo de bebedor al que podemos caracterizar como enfermo psíquico. El alcóholico alfa presenta una dependencia del alcohol psicológica, pero no física. No existe, por tanto, síndrome de abstinencia. El consumidor mantienen el control sobre el consumo, pero no lo abandona porque utiliza la sustancia para paliar algún dolor emocional o psíquico.
  • Alcohólico BETA: Bebedor excesivo regular. Tampoco existe dependencia fisiológica. Los factores socioculturales son determinantes. Presentan complicaciones alcohólicas como gastritis, cirrosis hepática, etc.
  • Alcohólico GAMMA: Bebedor Alcoholómano. Existe dependencia fisiológica, pero también una gran importancia de los factores psicológicos, que son los más importantes. En estos casos son relativamente frecuentes largos periodos de abstinencia
  • Alcohólico DELTA: Bebedor alcoholizado. Dependencia fisiológica y psicológica. Los factores sociales son determinantes, son bebedores sociales incapaces de largos periodos de abstención. Es un perfil de progresión lenta.
  • Alcohólico EPSILON o DIPSOMANIA: Bebedor episódico. el estado habitual de abstinencia o consumo moderado se interrumpe por episodios de ingesta masiva de alcohol.

Tratamiento Alcoholismo: Proceso de deshabituación de un alcohólico

La mayor parte de los alcohólicos que solicitan tratamiento, son personas de edad media, que tienen un trabajo estable, un núcleo familiar no desestructurado, y seguridad social. Al tratarse de alcohólicos socialmente integrados, los procesos de deshabituación y reinserción se confunden, puesto que no ha llegado a producirse una verdadera marginación social.

Una vez el paciente está desintoxicado, hay que plantearse qué sentido tiene realizar un seguimiento de su evolución. Cabe la posibilidad de que, a mayor cantidad de tratamiento, mejor respuesta terapéutica.

En una muestra de 308 alcohólicos en seguimiento durante un año, se observaron porcentajes de abstinencia muy superiores entre los pacientes que continuaron en tratamiento frente a los que lo abandonaron. Del mismo modo, la utilización de grupos psicoterapéuticos mejoró sensiblemente el pronóstico de los pacientes.

Una vez el paciente se halla abstinente de bebidas alcohólicas, es preciso fijar los objetivos que se persiguen mediante el programa terapéutico. Aunque existen programas dirigidos a obtener un consumo moderado de bebidas alcohólicas, deben ser de uso exclusivo con pacientes jóvenes que presenten abuso de alcohol pero no reúnan los criterios diagnósticos del síndrome de dependencia alcohólica. Los verdaderos alcohólicos deben ser incluidos en un programa terapéutico orientado a la abstinencia.

No obstante, la abstinencia no es un fin sino un medio. Los objetivos finales del tratamiento pueden resumirse en tres:

  • Aprender a vivir en abstinencia en una sociedad consumidora de bebidas alcohólicas, de forma que dicha abstinencia se convierta en un hábito cotidiano que se pueda mantener sin esfuerzos espaciales.
  • Comprender la vinculación patológica establecida con el alcohol y adquirir conciencia de enfermedad. Desde esta perspectiva, el paciente puede asumir su biografía, entendiendo que en muchas ocasiones su conducta no era más que el síntoma de su enfermedad.
  • Recuperar las responsabilidades perdidas en el ámbito familiar, laboral y social.

Los instrumentos terapéuticos a utilizar en esta fase del tratamiento pueden dividirse en tres grandes grupos:

  • Farmacológicos: interdictores del alcohol, fármacos que disminuyen la apetencia por el alcohol, tranquilizantes menores, antidepresivos, neurolépticos, y medicación coadyuvante, como el complejo vitamínico B.
  • Psicológicos, como la psicoterapia individual y grupal.
  • Institucionales, como los pisos intermedios, los talleres ocupacionales, los hospitales de día o los hospitales de noche.

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Abuso: Efectos del consumo de Alcohol

Por lo que respecta al alcohol, no se trata de un problema de relajación inofensiva en dosis bajas y de toxicidad en dosis altas. Desde la primera copa, trastorna las habilidades mentales complejas y la coordinación psicomotora; las pruebas que exigen cálculos, agilidad mental o vigilancia muestran déficits de ejecución. Más difíciles de medir son los efectos subjetivos de su uso social: pérdida de la inhibición, estado de ánimo relajado, locuacidad y sociabilidad. Desgraciadamente, estos efectos buscados van acompañados de un razonamiento torpe y una conducta de riesgo.

Después de unas copas, se alteran los mecanismos de control que mantienen nuestro sentido del equilibrio. La alteración del equilibrio parece que está motivada por la acción del alcohol en el cerebelo: a esa parte del cerebro llegan las señales de los músculos con información de la posición, así como las del oído interno que llevan la información sobre el equilibrio, coordinadas con los mensajes de numerosos músculos relacionados con el control de la postura. En los seres humanos, cuando la dosis de alcohol aumenta, el habla se vuelve incomprensible e incoherente, el equilibrio se ve gravemente deteriorado y se desarrolla una conducta poco correcta e imprudente. La pérdida de inhibición lleva a la fanfarronada y a la agresividad exagerada.

 

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