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El consumo de drogas entre los jóvenes

A pesar de que el consumo de drogas no es nuevo y el ser humano jamás ha dejado de emplear todo tipo de sustancias para modificar el estado de conciencia, nunca las drogas han sido tan accessibles y tan abundantes como ahora, y nunca ha sido tan baja la percepción de los riesgos asociados a su consumo como hoy en día.

¿Por qué la drogadicción en los jóvenes ha llegado a convertirse en un fenómeno tan alarmante?

Porque propicia la banalización del patrón de consumo: el abuso de las sustancias, su empleo casi compulsivo concentrado en determinados días y franjas horarias. La peligrosidad de este consumo afecta a drogas muy incorporadas a nuestra cultura como el alcohol, se extiende a las sustancias ilegales ‘clásicas’ como el hachís o la cocaína, y es también muy preocupante en el caso de sustancias nuevas sintetizadas en laboratorio, cuyos efectos a medio y largo plazo son aún desconocidos.

Es decir, existe un peligro real para la salud física y mental, a veces irreversible, derivado de la nocividad de las sustancias en sí. Pero ese peligro se ve potenciado por los efectos que los hábitos de cosumo tienen para la evolución psicológica, interpersonal, social y educativa de niños y jóvenes.

Porque la edad en que se empieza a consumir es muy temprana y va descendiendo. Muchos menores, en su afán de convertirse en adolescentes cuanto antes, se apresuran a adoptar aquellos hábitos que definen la imagen social construida del adolescente, entre ellos, el consumo de determinades sustancias adictivas. Cuanto antes se inicia el consumo de drogas, más posibilidades hay de caer en la drogadicción y en la politoxicomanía a través de ‘drogas de entrada’ como el alcohol y el cannabis.

Porque el consumo está cada vez más extendido entre los diferentes segmentos de población. Hoy, el consumo de drogas ilegales no se asocia ya sólo a tribus urbanas muy específicas y mucho menos marginales; es compatible con planteamientos conservadores o progresistas, con hábitos solitarios o grupales, con actividades intelectuales o físicas, con personalidades introvertidas o extrovertidas, con el cumplimiento de la norma en estudios, horarios y ocio. Esta amplia penetración hace difícil en ocasiones detectar y abordar el problema.

Porque los intentos de reducción de la oferta chocan con el complejo entramado de intereses a nivel mundial basado en la fabricación, distribución y venta de drogas. Se trata de un negocio con importantes implicaciones políticas y económicas, que afecta muy negativamente a problemas como la desigualdad social, el atraso del Tercer Mundo, la financiación del terrorismo o el deterioro medioambiental.

En el caso de las sustancias legales, sólo en los últimos tiempos se han adoptado medidas rigurosas para su control, y se ha hecho patente que el gasto sanitario que conlleva el abuso de estas sustancias es más elevado que los importantes ingresos económicos que generan a los Estados.

Porque los padres no saben actuar eficazmente para apartar a sus hijos del consumo de drogas. Hay que procurar que no las usen en absoluto o sólo que no abusen? ¿Debemos mantener la misma actitud ante todas las sustancias? Si establecemos diferencias,

¿Debe ser en función de su consideración legal o en función de su peligrosidad?

Porque los educadores no cuentan con recursos y habilidades para actuar en el ámbito escolar. En ello influye la pérdida de prestigio y autoridad que afecta a maestros y profesores en los últimos años, e incluso la creciente actitud de muchos padres de complicidad con los hijos frente a la autoridad de la escuela. Hay también educadores que creen que este problema no les compete, e incluso lo infravaloran como problema.

(Fuente: ¿Y si mi hijo se droga?, de Begoña del Pueyo y Alejandro Perales)

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