Hablar, hablar más, hablar siempre

hablarAlgunas veces me aburro. ¿Por qué? No estoy preocupado, no estoy cansado. Me aburro y ya está.

El aburrimiento es duro. Yo he venido a CITA a causa de este aburrimiento, un aburrimiento que me ha llevado a hacer fiestas si límites. Y con el aburrimiento llega el sueño, la falta de energía y la apatía.

El aburrimiento provoca una falta de deseo, y esta falta me lleva a pasar al acto, a la impulsividad, a la acción sin reflexión.

Ahora parece que me aburro mucho menos, que empiezo a entender el mecanismo. Y sobre todo, he empezado a hablar. Hay ya una luz en el fondo de mi mente, aunque una luz muy pequeña. Después de un mes, aún tuve tres ataques de pánico en cuatro días.

Es muy duro convivir con esta ansiedad que me roe, me ahoga y me impide respirar. Saco de mí esta ansiedad, la vomito, pero también empiezo a convivir con ella. Los profesionales me lo dicen cada día: hablar, hablar más, hablar siempre. La palabra es una maravilla del ser humano. Hay que hablar todavía: Me libero. Vuelvo a ser yo. Hablo. Quiero vivir, gritar, reír. Para no aburrirme más.