Taller de prevención de recaídas: ideas y situaciones que promueven el consumo

4DPictEn ocasiones nos encontramos con ciertas ideas o situaciones en las que el consumo se postula como solución. Estas situaciones son especialmente delicadas y debemos estar atentas a ellas. Suelen pasar desapercibidas y funcionan por lo bajo y en silencio.

Rotura del vínculo social

El consumo, como sabemos, tiene muchas funciones. Dos de ellas muy importantes son la de poder vincular con el resto de la gente o, por el contrario, poner una distancia.

En cierta medida, puede ubicarse el recorrido de la adicción relacionado con el vínculo social. Podríamos decir que, en un primer momento, el consumo favorece las relaciones y el encuentro con los otros.

Hay tantas maneras de gestionar el consumo social como personas que consumen; cada cual encuentra su manera de administrar la sustancia. Una manera frecuente es la de consumir para desinhibirse y de este modo poder acercarse más a los otros.

Este tipo de consumo colectivo suele funcionar durante un tiempo. Pero, poco a poco, esto parece tomar independencia. Lo que antes era un medio pasa a ser un fin en sí mismo. El tóxico se convierte ahora en el compañero. Se pasa de un consumo social y colectivo a una relación solitaria con la droga. Lo que antes era compartido, ahora queda reducido al manejo solitario. Veamos cómo, lo que primero servía para hacer vínculo, se vuelve exactamente lo contrario, pasando de un consumo “en sociedad” a un consumo aislado y que funciona para sostener la soledad. Este desplazamiento de función suele coincidir con un aumento de las dosis, en cantidad y frecuencia. Por este motivo, hay que prestar especial atención a no caer en el uso de la droga como manera de resolver una situación u otra. Es decir, estar solo y no encontrar la manera de hacer lazo con los otros no puede resolverse a través del consumo, ni para soportar la soledad consumiendo solo en casa ni para poder conectar con los otros con la “ayuda” de la droga.

Las situaciones “accidentales”

Es frecuente escuchar en el relato de las recaídas que las personas se ven envueltas en situaciones complicadas por “accidente”.

Se trata de situaciones en las que la disponibilidad de la droga es muy alta y hay muchas posibilidades de recaer. Un ejemplo típico es el de llegar a una reunión donde hay una o más personas que están consumiendo. Estas situaciones suceden aparentemente por casualidad y funcionan como una sorpresa para la persona. A primera vista esto puede ser así, pero luego, si se indaga un poco más, la persona puede encontrar ciertos detalles que ya le estaban avisando con antelación sobre la posibilidad de que en esta situación el consumo estuviera muy presente. En esas escenas, la tentación se hace muy fuerte y la persona acaba recayendo por la imposibilidad de resistir el tirón. Entonces, se tratará de hacer un ejercicio de sinceridad y de estar advertidos de las situaciones a las que nos exponemos. El argumento de la sorpresa muchas veces no se sostiene.

Sustitución de sustancias

Dejar de consumir no resuelve los problemas, sólo nos permite acceder a ellos y así poder trabajarlos. Es decir, dejar de consumir tiene un efecto terapéutico importante, pero debemos estar atentos a que más tarde o más temprano nos encontremos con los problemas de base. Estos problemas generan malestar y, en situaciones como ésas, la tentación de evadirse está a la orden del día. De este modo, es posible que intentemos hacer lo mismo pero por distintos caminos, esto es, evitar las situaciones consumiendo pero esta vez con otro tipo de sustancia. Hay infinidad de ejemplos que van en este sentido. Se deja el tabaco pero se come más, se deja la cocaína pero se aumenta el consumo de benzodiacepinas, se controla el consumo de porros pero se aumenta el de tabaco, se deja el alcohol pero se pasa a los porros, etc.

La dinámica es la misma, los caminos diferentes.

La ilusión de destino

¿Por qué a mí me pasan estas cosas? Es una pregunta que muchos se hacen. De este modo, se intenta dar respuesta a un sinfín de situaciones. ¿Por qué me ha tenido que pasar a mí? ¿Por qué tengo mala suerte? ¿Por qué la gente no me comprende? ¿Por qué?

Una vez más, lo que se evita de este modo es asumir la responsabilidad de las situaciones y las consecuencias que tienen nuestras acciones. No puede negarse que, en ocasiones, las cosas salen mal y nada de lo que uno haga puede cambiarlo. Pero de lo que tal vez sí se trata es de cómo uno hace con eso. Lamentarse de la mala suerte suele funcionar como una autorización al consumo, por lo que hay que estar despiertos en ese sentido.