Hay que perderlo para encontrarlo de nuevo

Adán fue el primer hombre, pero no porque fuese el primero -probablemente antes que él hubo muchos otros pero la historia no los puede recordar- sino porque fue el primero en decir «no». Seguramente hubo millones de hombres antes que él, pero ninguno de ellos dijo «no». No podían convertirse en hombres, no podían convertirse en egos. 

Adán dijo «no». Sufrió por decirlo, por supuesto; fue expulsado del jardín de la felicidad. Adán es un hombre y todos los hombres son como Adán. La infancia es el Jardín del Edén. Los niños son tan felices como los animales, tan felices como los hombres primitivos, tan felices como los árboles. ¿Habéis observado a un niño correr entre los árboles o en la playa? Todavía no es humano. Sus ojos siguen siendo transparentes, es inconsciente. Tendrá que salir del Jardín del Edén. Éste es el significado de la expulsión de Adán del Jardín del Edén: ya no forma parte de la felicidad inconsciente. Al comer la fruta del árbol de la sabiduría se ha vuelto consciente. Se ha convertido en un hombre. 

No es que Adán fuese expulsado una vez, sino que cada Adán deberá ser expulsado de nuevo. Cada niño deberá ser expulsado del jardín de los dioses; forma parte del aprendizaje. Es el dolor del aprendizaje. Hay que perderlo para volverlo a encontrar,para encontrarlo conscientemente. Ésta es la carga del hombre y su destino, sutormento y su libertad, el problema y a la vez la grandeza del hombre.

(Osho: El Libro del Hombre)