Dejar la droga: La maleta de dios

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Dejar la droga

(Cuento terapéutico)

En todas las culturas los cuentos y parábola han constituido la forma de consolidar un código moral y enseñar un sentido definido de la vida; es decir, transmitir un cuerpo de creencias que ayude a crecer y madurar individual y socialmente. Ante el formidable cambio que requiere la abstinencia y los cambios de todo tipo que comporta un tratamiento de adicciones, este tipo de historias se revelan también como terapéuticas porque son capaces de aportar y reforzar  recursos emocionales. De hecho, no cabe hablar de cuentos terapéuticos porque todo cuento lo es.

Dios y la maleta

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Un hombre murió. Después de darse cuenta de que estaba muerto, vio que Dios se acercaba y que llevaba una maleta consigo. Dios le dijo:

– Bien, hijo, es hora de irnos.

El hombre asombrado preguntó:

– ¿Ya? ¿Tan pronto? Tenía muchos planes…

– Lo siento, pero es el momento de tu partida.

-¿Qué traes en la maleta? – preguntó el hombre- y Dios le respondió:

– Tus pertenencias.

– ¿Mis pertenencias? ¿Traes mis cosas, mi ropa, mi dinero?

Dios le respondió:

– Eso nunca te perteneció, eran de la tierra.

-¿Traes mis recuerdos?

-Esos nunca te pertenecieron, eran del tiempo.

– ¿Traes mis talentos?

– Esos no te pertenecieron, eran de las circunstancias.

– ¿Traes a mi familia y a mis amigos?

– Esos nunca te pertenecieron, eran del camino

– ¿Traes a mi mujer y a mis hijos?

– Ellos nunca te pertenecieron, eran de tu corazón

– ¿Traes mi cuerpo?

– Nunca te perteneció, era del polvo

– ¿Entonces traes mi alma?

– No, esa era mía.

Entonces el hombre, abrumado de miedo, le arrebató a Dios la maleta y, al abrirla, se dio cuenta de que estaba vacía. Con lágrimas de desamparo, el hombre dijo:

– ¿Nunca tuve nada?

– Así es. Cada uno de los momentos que viviste fueron sólo tuyos. La vida es sólo un momento, un momento tuyo. Por eso mientras estás a tiempo has de disfrutarla en su totalidad. Que nada de lo que crees que te pertenece te detenga. Vive el ahora. Vive tu vida. No te olvides de ser feliz. Eso es lo único que realmente vale la pena. Las cosas materiales y todo lo demás por lo que luchaste se quedan aquí, no te llevas nada.