El GHB o éxtasis líquido

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El GHB (gamma-hidroxibutirato) es la sustancia que se ha popularizado con el desacertado nombre de ‘éxtasis líquido’, ya que no tiene nada que ver con el éxtasis (MDMA). Este nombre se lo pusieron los traficantes para promocionar un nuevo producto. El GHB empezó a aparecer en el mercado ilícito de drogas español en 1996 y, desde entonces, su consumo se va extendiendo poco a poco, pese a no llegar a ser por el momento tan accesible como la LSD, el éxtasis o las anfetaminas.

El GHB está considerado una droga de síntesis; sin embargo, se encuentra presente de forma natural en el cerebro de los mamíferos, donde actúa como neurotransmisor y como neuromodulador, y sirve para que las neuronas se comuniquen.

Esto lo convierte en una sustancia especial respecto a otras drogas depresoras del sistema nervioso, ya que tiene su lugar específico de actuación en el cerebro.

El GHB tiene una historia de uso en medicina y aún hoy se sigue utilizando si que se hayan descrito efectos secundarios graves o problemas de abuso en los pacientes tratados.

El GHB se está popularizando como droga recreacional por sus efectos euforizantes.

Está clasificado como un depresor del sistema nervioso y, como todos los depresores consumidos a dosis bajas, actúa primero sobre los mecanismos cerebrales de inhibición, reduciendo su actividad y produciendo, por tanto, sensaciones de euforia.

Su margen de seguridad es muy estrecho, de modo que, si se triplica la dosis media, puede aparecer una sobredosis capaz de producir un coma, normalmente reversible, de varias horas de duración.

Los efectos del GHB son en cierta medida parecidos a los del alcohol. También inducen efectos ansiolíticos parecidos a los de algunas benzodiacepinas. Sus efectos principales son una desinhibición y locuacidad parecidas a una ligera borrachera de alcohol, pero con mayor lucidez. También aumenta la libido.

El GHB, al metabolizarse con gran rapidez, es considerablemente menos tóxico que el alcohol y no afecta tan intensamente al hígado, al sistema nervioso o a otros órganos, por lo que, desde un punto de vista estrictamente farmacológico, se puede decir que podría ser un buen sustituto del alcohol en el caso de que fuese legal.

La mayor preocupación relacionada con el GBH es su mezcla con el alcohol o con otras sustancias depresoras del sistema nervioso, ya que sus efectos se potencian, pudiendo dar lugar a accidentes graves en los que se puede perder el conocimiento e incluso llegar al coma.

Cuando se consume GHB a dosis muy altas, puede aparecer un ligero descenso de la temperatura corporal, mareos, náuseas, vómitos, debilidad, pérdida de la visión periférica, confusión, agitación, alucinaciones y, si las dosis son más altas aún, disminución de la respiración, inconsciencia y coma que generalmente revierte espontáneamente de forma abrupta y que no deriva en secuelas orgánicas o psicológicas posteriores.

El GHB puede generar tolerancia cuando se consume de forma muy continuada; no obstante, ésta es menor que la causada por el alcohol.

No se han documentado casos de dependencia cuando se ha administrado para tratar la narcolepsia o el alcoholismo, aunque se han documentado algunos casos de habituación en personas que lo consumían habitualmente, si bien su retirada no produjo síndrome de abstinencia.