El éxtasis y la fiesta

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Actualmente existe una preocupación latente sobre el consumo de éxtasis y la fiesta o en famosos festivales de música.

También en las preocupaciones razonables de muchos padres y madres, o de los educadores que se relacionan con los adolescentes, ocupa un lugar destacado saber qué toman los adolescentes cuando desaparecen por las noches de fin de semana y se van de marcha con sus amigos.

La expresión drogas de diseño sugiere que alguien está diseñando una sustancia a la carta para obtener determinados efectos. La realidad no es así, aunque algunos jóvenes consumidores lo creen.

Es preferible hablar de drogas de síntesis. Se trata de una activa carrera, en múltiples laboratorios clandestinos, para poner en circulación nuevos productos o nuevas variaciones de viejos productos, nuevas versiones a partir de la misma sustancia inicial.

Una carrera en la que jugará además un gran papel la preocupación por disponer de nuevas drogas que no estén incluidas en las listas de control internacional.

El consumo de éxtasis y las fiestas en discotecas

En los lugares de diversión de los jóvenes están presentes, entre otras drogas, u conjunto diverso de pastillas, de colores y formas distintas, que se toman en un contexto que tiene que ver con la diversión y la relación.

En los esquemas para clasificar las drogas, se habla de las estimuladoras de la actividad cerebral, como las anfetaminas. De esa familia y sus parientes son estas pastillas.

Se está ante un tipo de producto en el que cualquier pequeña variedad molecular puede suponer una acción diferente en el cerebro, aunque todas tengan un cierto efecto estimulador común.

Si se trata de las anfetaminas y las sustancias próximas a ellas, sus efectos principales tienen que ver con la estimulación general, con la desaparición de la sensación de cansancio y el aumento del rendimiento físico, con la sensación de mayor lucidez y capacidad mental.

Entre estas sustancias se encuentra un producto muy buscado y consumido, el que da nombre a todas las otras, el éxtasis, técnicamente MDMA.

extasis y la fiesta

Extasis, droga fiestera desde los 80

El éxtasis tiene detrás de sí una larga historia. Desde su descubrimiento y patente en 1914, pasó varias décadas sin uso terapéutico ni social, hasta que en la década de los 70 comenzó a popularizarse en los ambientes contraculturales y universitarios de los Estados Unidos.

Después seguirían algunos intentos para que se permitiera su uso en la psicoterapia y una encendida discusión pública sobre sus bondades y maldades, que se zanjó en 1986 con su inclusión en la lista de sustancias de máximo control.

De poco sirvió la obsesión por su fiscalización y control. Su conversión en droga de uso masivo se produciría a finales de los años 80 y a principios de los 90, dentro de círculos de diversión. Hoy está masiva y predominantemente presente en un amplio sector del ocio y conectada con lo que genéricamente se suele llamar ‘música máquina’, aunque no sólo y exclusivamente.

No se trata de una moda pasajera. Pero su evidente presencia y su uso problemático no se parece al de otras drogas y otras épocas. La población que las usa está absolutamente normalizada, sin connotaciones de marginalidad social. El contexto de uso reviste características muy diferentes al de otras drogas y sus riesgos también son distintos.

Si se escucha a los jóvenes hablar de esta diversidad de píldoras, de todas ellas vienen a decir que obtienen efectos de estimulación: euforia, energía, felicidad… De manera que su función principal es la de mantenerlos despiertos para bailar y participar en las fiestas durante largos periodos de tiempo, fundamentalmente los fines de semana.

Pero cuando se trata del éxtasis, estos efectos –más moderados- son sólo una parte. La otra parte tiene que ver con la capacidad del MDMA para provocar u estado emocional positivo, caracterizado por la facilidad en la comunicación, por la intimación y la empatía.

Facilita la amistad entre los que están en elación, ayuda a expresar los sentimientos y a desbloquear los conflictos internos. Además, junto a estos efectos habría que añadir los eróticos, los facilitadores de un nuevo marco de sensaciones en la relación sexual.

Con las pastillas se está ante una droga que cubre perfectamente un conjunto de necesidades ampliamente sentidas por la población juvenil.

El desconocimiento de las pastillas de éxtasis

Pero es obvio que el riesgo principal comienza por el no saber nunca qué es lo que están tomando y cuál es su poder real. De esta manera, los principales problemas suelen surgir por un abuso no previsto en las cantidades o por unas combinaciones de pastillas que resultan nefastas.

Algunas de las dificultades son claramente fisiológicas. Todas estas sustancias también tienen otros efectos sobre el cuerpo, algunos especialmente importantes tienen que ver con la regulación dela temperatura y la pérdida de líquidos. Otros tendrán que ver con la pérdida de apetito y en el descontrol del sueño.

El otro grupo de problemas principales tiene que ver con su impacto sobre el cerebro y con algunas características individuales.

Sean unas u otras las pastillas, su uso intenso o en dosis descontroladas tienen efectos tóxicos bastante duraderos sobre el sistema nervioso. Si su abuso se mantiene, aparecerán trastornos psiquiátricos de importancia (paranoias) que llegarán incluso a la psicosis, a la despersonalización y pérdida de contacto con la realidad.

En todas las drogas, y especialmente en éstas y en los alucinógenos, los factores individuales juegan un gran papel. La diversidad de pastillas puede crear problemas importantes en pequeñas dosis, e incluso la primera vez a personas con susceptibilidades individuales concretas.

Algunas personas tienen una sensibilidad especial que hace que produzcan grandes reacciones de tolerancia (de adaptación extrema a la presencia del tóxico) o de sensibilización (de reacciones desproporcionadas e importantes con escasa cantidad de droga).

Finalmente, hay que tener presente que la potencia de su acción psíquica puede hacer aflorar, con abuso o sin él, enfermedades mentales preexistentes en la persona (aparición de trastornos mentales graves ocultos, estabilizados, que las sustancias acaban movilizando).