Los conductores franceses están obligados a llevar un alcoholímetro en el coche

Los automovilistas franceses tienen una nueva obligación legal desde este mes: llevar un alcoholímetro en el coche si no quieren ser sancionados con una multa de 11 euros y con la pérdida de un punto del carné de conducir.

La medida, aprobada y anunciada por el anterior gobierno conservador en 2011, ha entrado en vigor con el refrendo del actual ejecutivo. Y es que el consumo de bebidas alcohólicas es el causante de un 30,8% de los accidentes mortales en Francia, un porcentaje muy superior al 17% de Gran Bretaña o al 10% de Alemania, mientras que el consumo de alcohol por habitante en los tres países viene a ser casi idéntico.

Sin embargo, el periodo de aplicación de la nueva ley dura hasta el 1 de noviembre y, durante ese tiempo, los agentes de tráfico que le paren tan sólo podrán recordarle la obligatoriedad de llevar dicho test en el coche, el autobús, el camión o la moto de más de 50 cc.

Hace ya seis meses que las discotecas y locales nocturnos de Francia disponen de alcoholímetros químicos o electrónicos que los clientes pueden solicitar para conocer su estado de ingesta. Con ello se busca prevenir los accidentes de tráfico en el camino de vuelta a casa. Y en el futuro, el gobierno prevé imponer el alcoholímetro de serie en todos los vehículos de nueva fabricación, que impedirá el arranque del coche en el caso de que el conductor dé positivo.

En Francia, donde el máximo autorizado es de 0,25 miligramos por litro de aire espirado –el mismo que en España–, 3.970 personas perdieron la vida en 2011 en accidentes de circulación. La mitad de ellos sucedieron durante el fin de semana, con mayoría de víctimas jóvenes de edades comprendidas entre 15 y 24 años.

La exigencia de llevar un alcoholímetro se suma a la instalación reciente de 400 radares que no pueden ser detectados por los GPS y cuya presencia en las carreteras no está anunciada por ninguna señalización de tráfico. Con estas medidas, el estado francés pretende reducir a la mitad la cifra de accidentes mortales en carretera en diez años.