Acerca de la vergüenza

centro desintoxicacion CITA

En el centro de desintoxicación CITA sabemos que la vergüenza es una emoción primordial que parte del temor y regula la expresión de otros sentimientos. La podemos definir como una turbación en el ánimo por el miedo a sufrir algún tipo de desprecio, confusión o infamia. La vergüenza es la más íntima de las emociones y una de las más difíciles de admitir y descargar. Es poderosa e influye sobre el resto de las emociones. De hecho, la sociedad se ha valido de la vergüenza como forma de control social.

La vergüenza aprendida depende de las diferentes culturas y por eso puede tener causas muy variadas.

La vergüenza se manifiesta con una sensación de incomodidad. Uno tiene la necesidad de esconder la cara, de ponerse de espaldas o de huir. A veces nos hace enrojecer. “Quisiera que la tierra me tragara” o “Me habría querido fundir”, son algunas expresiones coloquiales que expresan el sentir de la persona inundada por esta emoción.

Un mensaje cifrado

La vergüenza nos informa de que nos sentimos inseguros, de que somos o hemos sido poco honestos. También nos indica que hemos construido un tipo de control externo más pendiente del juicio de otros que del nuestro propio.

Nos propone rehacer la construcción de nuestra autoestima y trabajar el valor de ser uno mismo a fin de disminuir el impacto que tienen los juicios de los demás en nuestra vida.

La constelación emocional de la vergüenza

La vergüenza da la mano a la inseguridad y a la incomodidad, y actúa inhibiendo las emociones restantes, excepto la ira. Si se da en un grado elevado, puede provocar el desencadenamiento de conductas violentas. La agresividad forma parte de su constelación afectiva. A veces, esta emoción también se asocia al sentimiento de culpa debido a una acción o transgresión real o imaginada. Suele ir seguida de un sentimiento de auto-desprecio.

Síntomas de deterioro

Una vergüenza patológica es aquella que se da cada vez que uno recibe una crítica o vive un pequeño fracaso. También se produce siempre en el curso de interacciones mantenidas con otras personas. Quien la sufre siente, en el fondo, una profunda dependencia de los demás. Parece ser que la vergüenza hace su aparición hacia el segundo año de vida. En la medida que el niño se va percibiendo como persona distinta de los demás, también empieza a tomar conciencia de los mensajes emocionales que le dan. Así, cuando los padres no responden con simpatía y atención a los esfuerzos del niño para mostrar sus habilidades o al notar el niño que no se da importancia a sus esfuerzos, crece sintiéndose inferior. Su auto-concepto y estima se construyen negativamente. La vergüenza patológica va acompañada a menudo del sentimiento de humillación y ésta acaba provocando, con frecuencia –cuando el auto-control no se ha construido bien- reacciones de ira y conductas violentas.

¿Camuflarse para sobrevivir?

Si nos escondemos, no nos ven; si no nos ven, no nos juzgan; si no nos juzgan, no van a podernos valorar negativamente y, por lo tanto, no nos sentiremos inseguros y avergonzados.

El camuflaje es útil en la naturaleza para sobrevivir. El animal que utiliza esta estrategia suele adoptar los colores de su medio a fin de no ser visto. Pero, en el ser humano, ¿es siempre bueno y oportuno servirse del camuflaje? Si bien es cierto que nos evita la mirada del otro y, por consiguiente, el riesgo de no ser aprobados o aceptados, el camuflaje nos priva también de recibir aprobación, estímulos positivos y afecto, ya que no permite que nos conozcan tal y como somos. Así, al no diferenciarnos y no permitir que nos conozcan, podemos llegar a un punto en el que ni nosotros mismos sepamos ya quienes somos.

La gestión adaptativa de la vergüenza

Alguno de los antídotos más efectivos contra la vergüenza es el de aprender a reírse de uno mismo. Quien es capaz de reírse de sí mismo puede sentir un descenso inmediato del sentimiento de vergüenza. También es un buen antídoto ser capaz de admitir de forma abierta ante los demás aquello que nos avergüenza. En muchos de estos casos, uno puede sentirse respetado en vez de juzgado.

El ridículo se lo hace uno mismo: ¿Y qué?

Cuando nos encontramos en una situación en la que consideramos que hemos hecho el ridículo, debemos empezar a practicar el ¿y qué?. Después de todo, ¿qué es el ridículo? El ridículo nos lo fabricamos nosotros mismos, es cultural y totalmente subjetivo.

Trabajo personal

  • ¿Lo que pensarán y lo que dirán de mí es importante como para modificar mi conducta o mis palabras?
  • ¿Qué tipo de situaciones me dan vergüenza?
  • ¿Hay cosas que no puedo decir?
  • Recuerdas haber sentido vergüenza cando eras pequeño? ¿En qué contexto?
  • Me siento inferior en algún aspecto?
  • ¿Puedo reírme de mí mismo?
  • ¿Cómo y de qué forma vivo yo el ridículo?