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Agarrada a la vida

Agarrada a la vida, es el diario de una ex paciente de CITA

La editorial RBA La Magrana acaba de publicar en catalán (junio de 2014) el libro “Aferrada a la vida” de Giovanna Valls Galfetti.

Este libro cuenta en forma de diario la historia del descenso a los infiernos de la droga y de un improbable pero merecido renacimiento. Es la batalla personal e íntima de Giovanna contra una adicción terrible, la heroína, narrada a través de su diario personal y del epistolario con familiares, amigos  y terapeutas durante todo el largo periodo de recuperación de sus adicciones.

El diario El Mundo ha resumido de este modo la biografía que Giovanna desgrana en un libro que ha publicado ya tres ediciones:

“Cuidar a su padre en el lecho de muerte fue su expiación. Era la primera vez que Giovanna se hacía responsable de algo y eso la reconcilió con su familia y consigo misma. La hermana pequeña de Manuel Valls, primer ministro francés, cayó en la trampa de la heroína en los 80, se contagió de VIH, ingresó en prisión hasta cinco veces, sufrió una hepatitis C, y lo cuenta ahora como parte de un pasado del que todavía le duele hablar.

Mientras su hermano se labraba su futuro como político, Giovanna se arrancaba trozos de vida de pico en pico. Giovanna Valls se instaló en 1985 en Barcelona, ciudad natal de su padre, huyendo de las drogas, porque «París era el mal”. En Barcelona salió de la heroína, pero recayó al cabo de 15 años y tuvo que tocar fondo para darse cuenta de que estaba ante su última oportunidad.

Heroína, cocaína, adicciones que la llevaban a robar: “Mi vida era una mierda. Vivía en Can Tunis, me levantaba, iba a robar a El Corte Inglés, pillaba el caballo, me pinchaba y así todo el rato. Llegué a meterme entre 10 y 12 dosis al día”

Transcribimos a continuación algunos fragmentos del libro:

“Después de un enamoramiento que me hizo mucho daño, quedé muy frágil. Y un día vacío, en casa de unos conocidos, me propusieron esnifar una raya, como una rama que se estiraba.

Era heroína y yo no sabía nada de nada. Me cambió el carácter, me rompió por dentro. Quienes me querían no tuvieron ninguna culpa, se encontraron con una realidad difícil de curar en quince días. Alguna cosa pasaba también en mi interior aquel día. Fue una noche terrible. Al día siguiente, sin saberlo, yo ya estaba psicológicamente enganchada a la heroína.

Porque hay neuronas que como un trozo de hielo se desenganchan y otras que como una confesión terrible te roban la vida misma. Así empezó la destrucción de mi vida”

Allí (en CITA), cerca de los que tenían problemas como yo, volví a encontrar la dignidad. Hacía falta simplemente decir lo que uno sentía. Y tú creíste en mí desde el primer momento que hablamos. La vida en aquellos momentos me parecía poco generosa, pero aún contaba con el afecto familiar, el honor, el coraje, y tú supiste captarlo en una combinación de decisión y humanidad”

“Tengo cincuenta años y empecé a salir del pozo cuando tenía cuarenta. Entonces me estaba matando a golpes de jeringa, con el virus de la sida y la hepatitis c. Cometiendo hurtos atrevidos para subsistir con la heroína, entrando y saliendo de la cárcel. Mis padres, mi hermano, la familia, todos afectados de pleno. Lo he de escribir, he de adentrarme en ello, aclarar los recuerdos para que el lector pueda entender qué me pasó…”

“Era 1984 cuando aspiré por primera vez una raya de heroína, densa y frondosa. Desconocía las drogas, sabía que el alcohol era peligroso y poca cosa más. Aquello fue como un estallido, una detonación, de la que no sabía que me rompería en mil pedazos. Me devastó durante casi un año. Me despertaba muy pronto para adquirir la heroína, corriendo por la calles de París (…)

Un año antes de que pasase todo esto, había amado a un hombre de manera tan intensa que, cuando me abandonó, me quedé vidriosa, agrietada, humillada. Y la heroína perfumó y aromatizó mis neuronas y supo llenar aquel vacío del desamor, de la derrota de mi propia estima (…) Fui una presa fácil y el sabor de la heroína en el paladar me atrapó vertiginosamente”

“Recordaré siempre el silencio que se rompe cuando por teléfono le dije a mi madre que había vuelto a veinte años atrás, con heroína y esta vez directa a la vena. Enseguida empecé a estar muy enferma del hígado. Cuando el médico me dijo que me tenían que repetir la prueba del sida sólo quería que los relámpagos perforasen el cielo y rompiesen del todo mi vida”

“El mundo de la heroína, de la cocaína, del alcohol, de todas las drogas, es un mundo perverso. Yo nunca fui viciosa, ni pérfida ni corrompida. Pero en mi interior todo se degradaba”

“Una noche me senté sobre la cama, abrazando una jeringa completamente llena, y esperé. Quería luchar hasta el último aliento. Lo puse todo en una balanza: la droga o mi vida. Y cuando salió el sol, habían ganado mis ganas de vivir”

“Aceptar la ayuda de fuera del entorno familiar, alejarse del peligro, desintoxicarse y entrar en un centro profesional, es uno de los primeros pasos que hay que dar. Entré en CITA el 2 de septiembre de 2004. Tenía cuarenta años y pesaba 38 kilos. Había tocado fondo”

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