SALUD MENTAL: LA PSICOLOGÍA

Salud mental podría definirse como el estado de equilibrio entre una persona y su entorno socio-cultural, lo que posibilita una interacción laboral, intelectual y relacional satisfactoria y le permite obtener bienestar y calidad de vida. Una de las funciones de la psicología es ayudar a comprender nuestro funcionamiento mental y ayudarnos a conseguir esta salud mental.

Considerada como la ciencia del alma, de la vida psíquica o de la conducta, la psicología tiene, como ciencia, una historia muy corta. Como ciencia experimental, comenzó su camino en 1879, con la creación del primer laboratorio psicológico fundado por Wilhem Wundt (1832-1920). En ese momento empezó la independización de la psicología de otras ciencias a las que estaba íntimamente ligada: metafísica, filosofía, fisiología, etc. Antes de Wundt, esta disciplina era concebida como una ciencia del alma.

Influido por el empirismo inglés y la fisiología, Wundt se interesa fundamentalmente por el estudio de las asociaciones entre las sensaciones, las percepciones y las ideas (simples y complejas) que constituyen el contenido de nuestra conciencia. No sólo la fisiología contribuyó al desarrollo de la psicología como ciencia autónoma. También la medicina, sobre todo la rama dedicada a la salud mental, hizo grandes aportaciones en este sentido. De gran relevancia fueron los trabajos del médico austriaco Sigmund Freud (1856-1939), que interesado por la neurología y por ciertos trastornos mentales como la histeria, elaboró su famosa teoría del psicoanálisis, que puede ser definido como un método terapéutico para tratar las enfermedades mentales –a través de técnicas de asociación libre o de la interpretación de los sueños-, o bien como una teoría de la personalidad fundamentada en los conceptos clave de inconsciente, yo, ello y superyó. El análisis de los nexos causales entre los acontecimientos psíquicos le llevo a concebir la enfermedad mental como un síntoma de una disfunción o represión inconsciente, capaz de influir no sólo en la vida psíquica de la persona, sino también en sus funciones fisiológicas a través de la somatización. Ahora bien, la importancia de la teoría psicoanalítica consiste en haber introducido un nuevo elemento regulador de la vida psíquica. Ya no es la racionalidad voluntaria de los hombres la responsable de sus actos y pensamientos y de su salud mental. Existe un territorio inalcanzable para la conciencia, el inconsciente, que, a pesar de su ocultamiento, dirige y controla nuestra vida, irrumpiendo en nuestra consciencia en forma de sueños, lapsus, actos fallidos y síntomas neuróticos.

Otra gran perspectiva de la psicología se abrió paso con los trabajos de John B. Watson (1878-1958), para quien el contenido de esta ciencia no se dirige ya al estudio del alma humana ni de la vida psíquica del hombre. Antes bien, la psicología ha de ocuparse de las conductas o comportamientos de humanos y animales, motivo por el cual su doctrina adoptó el nombre de conductismo. Fundado en postulados positivistas, pragmatistas y funcionales, afirma que la conducta ha de explicarse, predecirse y controlarse sin referencia alguna a los conceptos de conciencia o mente, es decir, excluir la cognición o los procesos del pensamiento. Un nuevo enfoque, el neoconductismo, incluiría las cogniciones dentro del ámbito del comportamiento.

Pese a que estas dos corrientes acapararon las investigaciones psicológicas hasta la década de los setenta, a partir de entonces el predominio del conductismo disminuyó debido a la aparición de un nuevo enfoque, el cognitivismo, más orientado hacia cuestiones referidas a la adquisición, organización, almacenamiento y utilización del conocimiento.

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Tradicionalmente, en función de su objeto y finalidad, la psicología se divide en las siguientes ramas: la psicología general intenta explicar el funcionamiento del hombre respecto al mundo. La psicología de la personalidad se interesa por las diferencias observables entre las personas y por los principios que rigen estas diferencias. La psicología del desarrollo investiga las causas y leyes que determinan nuestro desarrollo (infancia, adolescencia, madurez, vejez). La psicología social analiza cómo influyen unas personas en los pensamientos, sentimientos y conductas de los demás. La psicología clínica estudia los trastornos y disfunciones, tratando de describirlos, clasificarlos y curarlos, lo que implica establecer un marco de normalidad que sirva de referencia en salud mental.