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Talleres de Clínicas CITA, centro de tratamiento de las adicciones: La alegría

La alegría es la emoción que produce un suceso valorado como favorable. Sentimos alivio por la consecución de metas y la resolución de problemas. La alegría se activa también a través de acontecimientos positivos o mediante sensaciones agradables. Otro nivel de activación de la alegría se deriva de aquellos acontecimientos que corroboran el concepto de auto-valía de la persona. Por ejemplo, cuando una persona recibe un elogio o gusta a otra persona.

Las principales causas de alegría son: las relaciones con los amigos, las satisfacciones básicas (comer, beber, sexo), y las experiencias exitosas.

Acontecimientos considerados como positivos: enamorarse, resolver un problema, afrontar un reto, aprobar un examen, curarse de una enfermedad, ir de vacaciones, reconciliarse después de una discusión, casarse o comprometerse, ganar dinero, obtener un ascenso en el trabajo, salir con los amigos, obtener un nuevo empleo, etc…

Como fuentes principales de satisfacción: sentirnos alegres por el hecho de estar vivos, comer, beber, el sexo, descansar, dormir, estar al lado de la persona que amamos, los amigos, las relaciones sociales, la satisfacción con uno mismo, la actividad física, el deporte, sentirse sano, realizar tareas, el uso de habilidades, leer, bailar, cantar, la música, las actividades culturales, las experiencias intensas (estéticas, espirituales), contemplar un paisaje o algo especialmente bello, sentirse amado, crear, esforzarse y tener éxito, etc…

E función del modelo de persona en el que se nos ha educado, habremos aprendido con mayor o menor éxito a apreciar y a gozar de las cosas positivas que la vida nos da y también del propio hecho de estar vivos.

En general, la alegría se da cuando creemos que estamos haciendo progresos hacia la realización de nuestros objetivos.

Los estados de alegría son contagiosos.

La persona alegre es una persona que valora y sabe apreciar las cosas y, para que esto suceda, deberá en primer lugar darse cuenta de que estas cosas existen, de que la vida está hecha de hechos maravillosos, de belleza, de personas interesantes y posibilidades inagotables. Uno puede aprender a cambiar su mirada cuando ésta tiende a centrarse sólo en lo que es negativo, en lo que no está presente o en lo que no sucede.

La alegría es una sensación de activación, de fuerza, de impulso, de visión positiva, de energía.

La alegría es la fuente de energía que nos permite llevar a cabo nuestros proyectos y, sobre todo y muy especialmente, crear y amar.

En la familia de la alegría encontramos: el amor, la amistad, la confianza, la esperanza, el gozo, la euforia, la felicidad, la creatividad, la gratitud y la generosidad.

Beneficios de la alegría: aniquila la angustia, anula la tristeza, se opone al encogimiento y la obturación del alma que no permite respirar, amplía el ánimo, elimina la melancolía y la inquietud, tonifica, conforta, aviva, da vigor, embellece las cosas y las personas, provoca una excitación vehemente, proporciona sensación de ligereza, expulsa el aburrimiento, etc…

La alegría pide concentración en lo que sucede, en aquello que tenemos a nuestro lado. Pide sentir con los sentidos y gozar de las cosas buenas y bellas que nos rodean. La dispersión de la atención reduce nuestra capacidad de sentir alegría.

La exageración de la euforia o su alargamiento en el tiempo con una intensidad desmesurada, el histrionismo del que se esfuerza por parecer pasarlo bien siempre, puede ser el resultado de una huida más que el producto de una alegría real. La verdadera alegría no es forzada, no pide constantes risas, ni formas de expresión ampulosas. La alegría pide sobriedad, atención y dejar fluir.

Escoger la alegría como la mejor opción para vivir es una elección que hay que renovar cada día de forma consciente.

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