Las consecuencias de la adicción tecnológica

El 66,7% de los adolescentes que tienen entre 10 y 15 años, ya tiene teléfono móvil propio.

Obesidad, disminución del rendimiento académico y de la atención, aumento de los conflictos sociales y familiares, deterioro de la comunicación, aislamiento o abandono de las responsabilidades… Estas son las consecuencias que tiene el uso incontrolado de las nuevas tecnologías, a las que pueden sumarse el insomnio, la tristeza o la irritabilidad, en los casos más extremos, que ponen en riesgo su salud y sus relaciones. Los especialistas en este trastorno definen a los afectados como a personas que tienen una autoestima baja y una dificultad relacional.

Abusar del teléfono móvil, de internet, de los videojuegos, e incluso de las redes sociales, puede diagnosticarse como una adicción si se cumplen cuatro importantes factores: la necesidad de utilizar cada vez más los dispositivos tecnológicos; el síndrome de abstinencia, que provoca que cuando se prohíbe su uso se produce una reacción psicológica contraria; una pérdida de control elevada, que implica que cuando se intenta el tiempo de uso no pueda; y la pérdida de interés por realizar otras actividades de ocio.

Si no hay tolerancia ni síndrome de abstinencia, no podría hablarse de adicción sino de uso abusivo, un paso muchas veces previo a la adicción. Si se levanta y lo primero que hace es conectarse a su teléfono móvil o internet, si empieza a descuidar las relaciones sociales, si tiene muchos cambios de humor y estados de ánimo irritables o genera conflictos la regulación del tiempo que puede estar conectado a internet, estas son algunas de las primeras señales que advierten del riesgo de una dependencia. En los casos más extremos, hay personas para los que el resto de cosas de la vida deja de tener importancia. Normalmente, la adicción esconde algún tipo de carencia que el desarrollo tecnológico fomenta.

Por su parte, la adicción a las nuevas tecnologías a través de los videojuegos, tiene un papel importante, sobre todo en los adolescentes. Uno de cada tres hogares cuenta con, al menos, una videoconsola y el 22,5 % de la población se declara jugadora.

De hecho, esta adicción no es distinta a otra. Todos los adictos buscan cubrir sensaciones displancenteras con una satisfacción inmediata y, cuando más inmediata es, más fácil es crear adicción.

Con tanto desarrollo tecnológico, estar expuestos durante mucho tiempo y desde muy pequeños a los estímulos de las pantallas y los videojuegos se ha convertido en habitual y el problema es que Internet está muy bien diseñado para poder engancharte.

Quienes se sienten atraídos por la Adicción a las Nuevas Tecnologías suelen ser personas con baja tolerancia a la frustración, bastante impulsivas y con pocas o escasas habilidades para gestionar los estados emocionales. Buscan sensaciones nuevas y hay una intolerancia a estímulos displacenteros. Esta adicción también se relaciona con la autoestima baja. Tenemos temor a que el otro pueda descubrir nuestros fallos y con las redes puedes crear alguien a tu medida que siempre va a ser aceptado. Se trata de perfiles que buscan la aceptación total y ésta es la manera más facil de conseguirla.

Por otro lado, la utilización de diferentes tecnologías a la vez hace que la atención se disperse y esto disminuye la capacidad de canalizarla y el rendimiento académico. La excesiva disponibilidad de la tecnología en los niños tampoco favorece la maduración de los circuitos cerebrales que están implicados en la dirección y sostenimiento de la atención. El 66,7% de los adolescentes entre 10 y 15 años ya tiene teléfono móvil propio y son los jóvenes de entre 16 y 24 años quienes más tiempo pasan ‘enganchados’ al smartphone, una media de 3,4 horas diarias. Y WhatsApp ha supuesto una revolución para el aumento de los casos de adicción y los problemas relacionados con la capacidad de estar conectados.

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