Clínicas CITA: La diferencia con mis experiencias anteriores

Dicen que la primera impresión es la que queda, y la primera que tuve al ingresar en CITA fue la de estar en las mejores manos. Hasta entonces no había tenido la sensación de estar tutelado por verdaderos profesionales que supiesen en todo momento qué sucedía en mi interior, y mucho menos que me proporcionasen las herramientas adecuadas para hacer frente a cada una de las fases que se atraviesan durante el proceso.

Una de las primeras cosas que me llamaron la atención es que no estás tutelado por ex adictos rehabilitados. No por eso quiero desprestigiar el trabajo del personal rehabilitado, ni mucho menos. Sin embargo, la creencia más extendida es que alguien que ha pasado por una situación similar a la tuya puede tener mayor empatía ante tus problemas. Puede ser cierto, pero también puede proyectar de forma involuntaria experiencias negativas sufridas en su propio proceso. Este hecho limita al tutor de forma dogmática ante el paciente. Sin embargo, un profesional sin necesidad de rehabilitación alguna se muestra mucho más abierto y analítico en cuanto a la adaptación y comprensión de las múltiples variables que puedan definir al paciente. Esta es una de las claves que creo marcan la diferencia entre CITA y mis experiencias anteriores.

Cuando conocí a Josep María Fábregas (Director de CITA), entendí las razones de mi percepción sobre el personal que tiene a su cargo. En cierto modo, ambos hemos seguido una dinámica similar en el ámbito profesional, sabiendo elegir a las personas que te rodean por razones de mayor peso que su experiencia o trayectoria. Es evidente que un currículo brillante abre muchas puertas, pero hay que saber detectar además en los profesionales una capacidad innata o una predisposición para lo más importante en cualquier puesto, que es saber aprender.

Josep María no sólo ha sabido crear un equipo de profesionales con estas cualidades. Además sabe alimentar a diario la ilusión por el difícil reto que supone el trabajo que realizan con verdadera vocación de servicio. De su trabajo depende el éxito o el fracaso en las vidas de las personas que tratan, y eso se percibe como paciente desde el primer momento. Nunca tuve la sensación de ser uno más, porque para ellos cada paciente es único y saben combinar en todo momento sus conocimientos y rigor profesional con buenas dosis de cariño y empatía que te hacen sentir comprendido y bien dirigido, a la vez que estimado.

(…) Para mí lo más importante fue que se terminó el estrés al que había estado sometido. Seguramente la tranquilidad de poder centrarme en mí mismo y no tener que estar pendiente de mis compañeros, de si hacían mal esto o lo otro, me permitió ir estudiando mejor mi situación. Durante las llamadas telefónicas a las que tenía acceso, empecé a reconocerle a mi madre mi enfermedad. Aunque siempre estás deseando salir de un sitio así, allí las cosas fueron más llevaderas. La medicación supongo que también me ayudó y, paralelamente, comencé a entender que la vida se vive día a día. Mi ritmo siempre fue vertiginoso y allí comencé a comprender que la vida se puede disfrutar más si vas paso a paso. Al principio de estar en un centro no puedes recibir visitas. Luego empiezan a venir a visitarte paulatinamente y después incluso puedes llegar a pasar el día fuera. El ingreso fue duro y más aún para una persona como yo, pero por suerte el ser humano se adapta a muchas situaciones incluso peores que la mía.

A veces nos quejamos y no vemos nada de lo que sucede a nuestro alrededor. Poco a poco, fui entendiendo todo lo que había provocado mi adicción en la vida. Para un adicto resulta muy importante detener el consumo. La cabeza tarda un tiempo en ponerse en su sitio y, evidentemente, es importante recibir la ayuda adecuada. Poco a poco lo fui asimilando todo. Por suerte, mis hijos me han ayudado a comprender que debía seguir luchando para salir adelante.

(…) Mentiría si no dijera que todo resulta muy difícil y que, por desgracia, la recuperación nunca está asegurada. La ayuda que recibes es muy importante, aunque también es fundamental, como en todos los ámbitos de la vida, adoptar una actitud de compromiso total con lo que estás haciendo.

(…) Después de un tiempo ingresado en la comunidad, fue difícil y también duro empezar a comprender mi nueva situación social y personal. Tenía que empezar de nuevo desde cero y con mi imagen dañada por todo lo sucedido. Sin embargo, tenía claro que debía seguir adelante y que iba a luchar como siempre había luchado por todo en la vida.

 

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