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Talleres de Clínicas CITA: La felicidad pequeña y la felicidad grande

Imaginemos dos felicidades: una pequeña, terrenal, relativa, por algo en concreto, y otra grande, trascendente, absoluta, gratis y por nada. La felicidad pequeña es la más común, y pasamos la mayor parte del tiempo buscándola (y ahuyentando sus contrarios). Consiste en tratar de estar cerca de lo que queremos y alejados de lo que detestamos, en que se cumplan nuestros deseos y se neutralicen nuestros temores.

La felicidad pequeña es aquella que sentimos cuando las cosas nos van bien cuando tenemos buenos amigos, cuando somos queridos y queremos, cuando nos encontramos en un contexto donde somos apreciados y reconocidos y podemos apreciar y reconocer, cuando estamos gozosos con la pareja y disfrutamos de dulzura y riqueza afectiva, cuando nuestros hijos y seres queridos se desarrollan buen y la familia en general disfruta de bienestar y crecimiento; es decir, cuando las cosas marchan en la dirección que nos gusta.

La gran felicidad es aquella que experimentamos cuando, a pesar de que las cosas no vayan bien, podemos sentir el soplo feliz de la vida. La felicidad grande es independiente de lo que sucede, de cómo nos va, se asienta en el ser y en el momento presente, y es por nada o porque sí, sin motivo alguno que lo justifique.

Cualquiera sabe que la vida trae cosas que no eliges y que, de la misma forma, otras veces te complace y te trae cosas que deseas ardientemente. Que con nuestra voluntad conviven el azar, el misterio y la incertidumbre. Que la vida tiene sus propios propósitos, a veces extraños, casi incomprensibles, que van más allá de nuestros deseos personales. Por eso, nuestra vida como seres humanos consiste en procurar nuestra felicidad, invirtiendo fuertemente en aquello que nos mueve, que queremos y deseamos, pero al mismo tiempo en desarrollar receptividad y sintonía con lo que la vida quiere, nos trae y exige, sea lo que sea.

La felicidad grande consiste en ponernos en sintonía con lo que la vida nos trae, aunque no encaje con nuestros deseos personales. Ponerse en sintonía significa llegar a aceptarlo, amarlo, aprovecharlo como nutriente, como mensajero de otra sabiduría mayor. ¿Cómo aprovechar la frustración y lo adverso? La felicidad grande en realidad hace a las personas más fuertes porque les exige encarar lo real y confrontarse con los asuntos más difíciles y apasionantes de la vida, es decir, ganancias y pérdidas, creación y destrucción, sexualidad y muerte

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