centro-de-desintoxicacion-bog

Las drogas y las leyes

Cuando se ofrecen argumentos para la legalización de las drogas con la esperanza de reducir la criminalidad relacionada con ella, se apunta que cualquier beneficio en la reducción de la delincuencia compensaría los costes sociales derivados de la extensión del consumo de droga. Además, la reducción concreta de la criminalidad sería mucho menor que la esperada por quienes creen que la mayoría de delitos son consecuencia directa de la prohibición de las drogas. Sin duda, una parte de la violencia de debe a este motivo, pero nadie que esté suficientemente informado negará que las causas originales de la violencia son mucho más profundas.

Una política constructiva distinguirá entre víctimas y culpables, entre los adictos y los traficantes, que son los delincuentes reales. La ley puede diferenciar los problemas de salud de los adictos y las graves medidas criminales asociadas con las drogas adictivas. Quien, por ejemplo, vende alcohol a un menor está sujeto a sanciones legales, pero los consumidores están afectados por la ley sólo cuando su consumo de droga provoque una conducta temeraria o agresiva: que conduzcan ebrios, que agredan o violen los derechos de los demás, y que estos comportamientos sean en sí mismos delictivos.

A menudo se plantea la objeción de que es imposible hacer una distinción clara entre consumidores y traficantes porque muchos consumidores de drogas ilegales son también vendedores. Pero este argumento es engañoso. La mayoría de traficantes manejan cantidades tan grandes que su estatus es muy claro. El hecho es, sin embargo, que los traficantes importantes son difíciles de detener; en su lugar, es mucho más atractivo gastar los esfuerzos de la policía en los adictos que siempre dividen y venden una parte de su heroína, cocaína o marihuana.

Las leyes sobre la posesión de drogas ilegales deben modificarse para que las cárceles no se llenen de consumidores, como sucede a veces con nuestros actuales modelos. A este respecto, una de las desafortunadas consecuencias de las políticas basadas en el pánico ha sido el establecimiento de condenas mínimas obligatorias para la delincuencia de la droga.

Una política racional y de coste efectivo, aligeraría la sobre carga actual de los tribunales y las cárceles por delitos menores y se concentraría casi enteramente en interrumpir la cadena de distribución en los niveles más altos. La eliminación total del suministro de drogas ilegales es una ilusión mientras exista una fuerte demanda. Sin embargo, puede ser notable el valor, aunque simbólico, de los arrestos de traficantes importantes y de las grandes incautaciones de drogas en las fronteras.

Comparte en redes sociales      
Share

Tags: , , ,