Centro de desintoxicación – La ira

La ira es una emoción primaria que todos llevamos en nuestra programación emocional, tiene una función defensiva y nos aporta información cuando tenemos la sensación de haber sido perjudicados, de que hay un obstáculo que se interpone en el camino de lo que queremos o deseamos y nos impide el logro de nuestros objetivos.

La sensación de ser manipulado, engañado, traicionado, herido, humillado, también provoca la ira. El daño sufrido puede ser muy diverso, no la provoca solamente el dolor físico o una amenaza de agresión. En general, se trata de amenazas simbólicas a la autoestima o a la dignidad personal. Ser tratado injustamente o de forma ruda, ser insultado, maltratado, despreciado, frustrado, subestimado, etc, puede generar ira.

Cuando nos dejamos llevar por la ira se pueden producir efectos como destruir relaciones personales, afectar a las relaciones laborales, fomentar la agresividad y, en casos extremos, producir trastornos cardíacos.

La ira está presente en los conflictos de cualquier tipo: interpersonales, familiares, sociales, laborales, políticos, religiosos, etc…, de tal manera que la experiencia emocional, al ser muy intensa, puede dificultar o incluso imposibilitar la resolución pacífica del conflicto.

El tema de fondo que se plantea es el de la legitimidad de la causa, si lo que ha provocado la ira es un gran motivo, ya que podemos sentir ira ante una injusticia o al ver que alguien arremete contra una persona indefensa, o bien la podemos sentir cuando alguien nos dice algo que no nos gusta, nos lleva la contraria o no nos da la razón. Existe una cuestión de causa y una cuestión de dosis. Hay también una cuestión de adecuación de lugar y de forma.

Una característica de la ira es que, cuanto más pensamos en las causas, más razones y justificaciones tenemos para estar furiosos. Darle vueltas al asunto es avivar la ira. Ira bajo control o espiral de violencia en la que el cerebro racional deja de controlar la conducta.

Si se desahoga, la ira no se convierte en odio; si no se desahoga, se convierte en rabia, rencor, resentimiento y odio.

Muchas veces nos enfadamos con las personas que más conocemos o queremos. La ira tiende a ser particularmente intensa en las relaciones de pareja y entre padres e hijos.

La mayoría de la gente cree que son los acontecimientos los que provocan la ira, pero son nuestras creencias las que hacen una valoración del acontecimiento y es a partir de la valoración que se activa la emoción. Son nuestras creencias las que provocan la ira.

La ira aparece como consecuencia de creencias irracionales sobre la situación, las cuales nos llevan a un diálogo interno con afirmaciones como ‘no soporto que me hagan esto’, ‘lo hace para fastidiarme’, ‘es una mala persona y se merece lo peor’, etc..

El hecho de que algo se viva como insoportable, intolerable, terrible o espantoso, se debe a creencias irracionales. Si lo creo así, inevitablemente voy a imponer algún tipo de castigo que sea justo para mí como venganza por la ofensa que experimento emocionalmente.

Si lo pienso bien, puedo preguntarme: ¿realmente es insoportable?, ¿es cierto que lo hace sólo para fastidiarme o más bien porque tiene unas necesidades que no coinciden con las mías?, ¿en realidad es una mala persona?

Pasar de las creencias irracionales a las racionales supone cambiar el pensamiento anterior por otro tipo de afirmaciones del tipo: ‘esto no me gusta’, ‘ojalá no me hubiera ocurrido’, ‘siento decepción, frustración, preocupación, tristeza, dolor, etc’

Fijémonos en la diferencia entre las creencias irracionales ‘es insoportable’, ‘es intolerable’ y las racionales ‘no me gusta’, ‘me decepciona’, ‘me ofende’

Si vemos clara esta diferencia, entenderemos mejor lo que se quiere decir al afirmar que son nuestras creencias las que provocan ira. La ira es consecuencia de las creencias que tenemos sobre los demás en relación a nosotros.

Hay tres creencias básicas que caracterizan la ira:

  • Debo actuar absolutamente bien y ser aprobado por personas importantes para mí; de lo contrario, me invade la culpabilidad, la ira contra mí mismo, la ansiedad y la depresión.
  • Debes tratarme bien y con amabilidad; de lo contrario, me siento tratado con desconsideración, o maltratado, ofendido, o insultado, y me invade la ira de forma incontrolada.
  • Debería suceder todo siempre como a mí me gustaría. Como tengo muy baja tolerancia a la frustración, si algo va mal me enfado y me deprimo.

La ira surge muchas veces porque estoy convencido de que tengo toda la razón y el otro está completamente equivocado.

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