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El deseo

Estamos sumergidos en una cultura basada en la economía, que nos mueve a sustituir el placer por la ganancia. Se nos quiere hacer creer que placer equivale a consumo. Intentan despertar constantemente nuestro deseo, pero no cualquier deseo, sino el deseo de consumir y de ganar. Estos son los valores primordiales de nuestra sociedad capitalista. La cultura occidental presiona para favorecer la insatisfacción y la agresividad. La necesidad de incentivar el consumo, la velocidad de las innovaciones tecnológicas, el progreso económico, nuestra forma de vida en definitiva, se basa en la continua incitación al deseo. Nos hemos condenado a vivir entre a ansiedad y la frustración. Así es que, cando satisfacemos una necesidad, aparece una nueva propuesta de deseo que nos mueve a intentar satisfacerla. En este engranaje necesidad-deseo-satisfacción-consumo no hay lugar para la felicidad, sólo para la angustia.

Es importante clarificar los términos de deseo y carencia. Podemos desear aquello que nos falta, y esto sería una carencia, y sufrir y sentir ansiedad hasta satisfacer el deseo. También podemos desear aquello que no nos falta, y entonces sentirnos infelices. Para Epicuro, la lista de ingredientes esenciales del placer contendría: tener las necesidades básicas cubiertas, amistad, libertad y reflexión.

El deseo es una fuerza, es la fuerza de la vida que se manifiesta y nos da la capacidad para buscar algo que nos mueva y produzca placer. La sexualidad sería un buen ejemplo. El deseo es el impulso más primario que mueve al ser humano. Ansia, inquietud y miedo pueden acompañar el deseo. También, en función del éxito para conseguir el objeto deseado, podemos encontrar la satisfacción o la insatisfacción, el placer o el dolor.

Los objetos del deseo

Es importante diferenciar el hecho de desear lo necesario o lo que nos conviene, del deseo de lo que es prescindible y de lo que, incluso, a veces no es bueno para nosotros. Nuestra felicidad o infelicidad puede depender, en parte, de nuestra selección de posible objetivos de deseo. Es necesario seleccionar de forma inteligente, ya que las acciones que haremos para conseguir satisfacer los deseos pueden llegar a condicionar buena parte de nuestra vida.

Tener deseos no supone, por sí mismo, un problema. La cuestión fundamental es cómo canalizamos esta fuerza enorme que genera el deseo, hacia qué objetivos y, sobre todo, si el cumplimiento de nuestros deseos supone una mejora de nuestra adaptación al entorno o dificulta nuestro proyecto de vida. La lucha por cumplir algunos de nuestros deseos puede comportarnos problemas, pero hay que tener presente que también puede ser un problema no tener deseos.

La apatía es una enfermedad consistente en la falta de impuso interno, la falta de curiosidad para saber, la falta de interés por nosotros mismos y por el mundo, y la falta de fuerza para actuar. La apatía aparece como una represión del deseo. Nos encontramos en una sociedad que fomenta, como objetivo esencial,  tener y consumir, en lugar de potenciar la dimensión del ser. La enorme oferta de consumo puede abortar el deseo de conseguir las cosas. La falta de objetivos personales y el hecho de depositar nuestra capacidad de ser estimulados en el hecho de conseguir, o no, ciertos objetos, so otros factores a considerar. Tenemos muchos objetos, pero ¿tenemos objetivos estimulantes?, ¡qué nos mueve a actuar?, ¿qué nos estimula?

La única forma de tratar la apatía es estimular el deseo. A menudo se ha utilizado la sustitución para intentar resolver estos problemas, pero aunque los resultados a corto plazo parezcan buenos, a medio plazo suelen ser un fracaso. Por ejemplo, si al niño no le gusta su colegio, le cambiamos, y si no le gusta un juego, le compramos otro. Lo más importante es que no se frustre. Así, cuando el joven tenga problemas con un amigo, quizás decida no resolverlos y buscar a otra persona, y quizás aplique la misma estrategia con la pareja y con todo. Hay un aprendizaje de que en la vida todo es sustituible y que hay recambio para todo. ¿Éste es un aprendizaje sabio?

La sustitución y la suplencia constante, hacen que no aparezca la necesidad, y es la necesidad y el deseo lo que nos hacen movernos. Si nos dan las cosas incluso antes de pedirlas, si no experimentamos lo que significa el vacío, ni el aburrimiento, ni tampoco la soledad, si no aprendemos a hacer todos los duelos correspondientes, no vamos a sentir tampoco el impulso de actuar. En vez de substituir, hay que estimular el deseo despertando la curiosidad, el placer por aprender, la responsabilidad, pero sobre todo, es necesario amar y amar bien. La falta de afecto duerme a la gente y le resta el impulso y la seguridad necesaria para explorar y arriesgarse, y, en consecuencia, para madurar.

No todo lo que deseamos es necesario y no todo lo que es necesario lo necesitamos. Aprender a diferenciar entre lo necesario y lo superfluo y entre lo que nos conviene o no, es un acto de responsabilidad y de libertad. Por ejemplo, una cosa es desear dar lo mejor de uno mismo, y esto puede ser superación personal, y otra muy distinta es desear siempre ser el mejor en todo, y eso sería una meta imposible que sólo nos conducirá a un estado  de constante frustración y descontento.

Es bueno intentar dar satisfacción a nuestras necesidades, pero a veces ponemos los ojos en determinados objetos de deseo y nos sentimos desgraciados si no los conseguimos. Por ejemplo, necesitamos beber para hidratarnos, y podemos desear un refresco, pero no lo necesitamos ya que con agua es suficiente. Por lo tanto, hay deseos adaptativos y otros que lo son menos. Hay deseos innatos y otros aprendidos. Querer ser siempre el mejor, sería de estos últimos y de una educación de superación centrada en los demás en lugar de en uno mismo. Competir con uno mismo es superación, competir con los demás puede ser un camino de autodestrucción.

Es importante aprender a orientar bien el deseo y tomar el control de nuestra conducta, en lugar de movernos por impulsos y por avidez. Cuando aprendemos a canalizar esta fuerza, disponemos de una fuente de energía muy potente que, unida a la voluntad, nos permite conseguir metas y perseverar a pesar de los obstáculos.

El deseo, al igual que la voluntad, la alegría, la visión positiva y el humor, nos proporciona importantes elementos de automotivación para vivir cada día de una forma más consciente y con mayor calidad.

Guía para la reflexión:

  • ¿Tienes algún objetivo estimulante?
  • ¿Qué te mueve a actuar?
  • Has usado la sustitución para resolver algún problema?
  • ¿Qué deseos secretos no estás reconociéndote a ti mismo?
  • ¿Qué actividad te gusta?
  • ¿Sabes cuál es tu meta?
  • ¿qué pasará una vez la hayas alcanzado?
  • ¿Serás capaz de disfrutar de tu ‘éxito’?
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