Centro de desintoxicación CITA – El alcohol

El alcohol, o etanol, es la droga más popular del mundo después de la cafeína. La fabricación de vino se remonta al periodo neolítico. Los antiguos griegos y romanos bebían vino y en los monasterios medievales se hacía cerveza. El alcohol se distingue de las demás drogas en que es preciso fabricarlo; no es algo que se pueda extraer. Los detalles dela conversión del azúcar en alcohol, mediante la acción de la levadura, no se desentrañaron hasta 1939.

Además, el etanol se diferencia de casi todas las demás drogas porque es una molécula más bien pequeña, formada sólo por dos átomos de carbono, seis átomos de hidrógeno y un átomo de oxígeno. Una unidad normal de alcohol (un vaso de vino o una caña de cerveza) contiene alrededor de 8 gramos de alcohol. Una vez en el interior del cuerpo, lo absorbe en su mayor parte el intestino delgado, de ahí se dirige al hígado y, de ahí, al resto del cuerpo, como todas las demás drogas. No obstante, muchas de las moléculas pueden descomponerse por la acción de una enzima llamada deshidrogenasa del alcohol (DHA) en el estómago o el hígado. La DHA puede procesar aproximadamente una unidad de alcohol por hora. Si se bebe a más velocidad, el nivel de alcohol en sangre aumenta. La DHA es menos activa en las mujeres que en los hombres, y por eso son más visibles en ellas los efectos de la bebida, tanto a corto como a largo plazo, y con la ingesta de una dosis más pequeña.

Las consecuencias del alcohol son complejas. Actúa como depresor general del sistema nervioso, porque interfiere en los receptores del glutamato e inhibe la neurona correspondiente. Este hecho tiene diversos efectos. En la región de la corteza cerebral, los circuitos neurales relacionados con el juicio y la discreción pueden inhibirse, y el resultado es una conducta locuaz, imprudente e quizás agresiva. También pueden inhibirse las neuronas del área relacionada con el equilibrio y el habla, lo que produce falta de coordinación en los movimientos y al hablar; al menos, con dosis altas de alcohol. Si las dosis son todavía mayores, pueden afectar a las neuronas que controlan el ritmo cardiaco y la respiración, e incluso tener consecuencias fatales. Además, el glutamato interviene en el refuerzo de la memoria a largo plazo. Los recuerdos formados antes de empezar a beber no se borran, pero no es tan fácil crear otros nuevos bajo la influencia del alcohol; de ahí el conocido síntoma, propio de la resaca, de no poder recordar lo que ha ocurrido en una fiesta en la que se ha consumido gran cantidad de alcohol.

Pero el alcohol surte otros efectos en el cerebro. Como el Valium, se fija en los receptores AGAB, aunque no en el mismo lugar que el tranquilizante. Ello crea un agradable antídoto contra el estrés, pero también hace que el alcohol sea especialmente peligroso cuando se combina con tranquilizantes, porque refuerza su efecto y puede hacer que sean fatales. Y el alcohol puede aumentar también los niveles de dopamina en el sistema límbico. Al hacerlo, genera unas sensaciones agradables que se parecen a la ‘subida’ mencionada a propósito de la cocaína y las anfetaminas, aunque no son tan intensas. Además, es capaz de actuar de forma muy similar a la morfina, porque puede liberar endorfinas en la glándula pituitaria. No obstante, como no actúa directamente sobre los receptores de la endorfina, la sensación es más débil.

El alcohol deprime la función sexual. Al actuar sobre los receptores del glutamato en el sistema nervioso periférico, puede inhibir la dilatación de los vasos sanguíneos del pene, la vagina y el clítoris como respuesta a un estímulo sexual. Por consiguiente, los órganos sexuales no se hinchan de sangre, que es el requisito previo necesario para la excitación sexual desde el punto de vista fisiológico. Sin embargo, la gente que consume alcohol dice que se siente más excitada; el problema es que la bebida inhibe los medios físicos para actuar con arreglo a esos deseos.

Una cantidad moderada de alcohol parece conceder cierta inmunidad frente a la infección. Aun así, se sabe también que, consumido en exceso, deteriora el sistema inmunitario. Y, por supuesto, la bebida moderada parece reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular.

De todas formas, no cabe duda de que el alcohol puede ser una droga muy peligrosa cuando se consume en exceso. La persona que bebe cantidades desmesuradas corre el riesgo de verse envuelta en accidentes o delitos violentos, y tiene más probabilidades de cometer suicidio.

El alcohol es diurético e incrementa la orina. La consecuencia visible es que, si una persona bebe un vaso de vino, pierde el doble de ese vaso de vino en forma de orina. Si no lo reponemos bebiendo agua, la deshidratación produce sequedad de boca y mal aliento.

Sin embargo, lo que produce los síntomas más desagradables de la resaca no es el alcohol en sí, sino el acetaldehído, el resultado de la descomposición causada por la DHA. El acetaldehído provoca náuseas y dolor de cabeza. A esto hay que añadir que el alcohol interrumpe los ciclos regulares del sueño y produce fatiga al día siguiente.

 

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